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viernes, 10 de junio de 2011

MARIANO MORENO : EL HOMBRE ORQUESTA, por Vicente Fidel López


Artículo Seleccionado por el profesor Adrián Corbella
Días febriles y noches de pesadilla. Así retrata al gran protagonista de la Revolución de Mayo otro gran político e intelectual del siglo XIX, Vicente Fidel López. Cómo funcionaba la prodigiosa máquina de hacer un país.
Por Vicente Fidel López*

El doctor Moreno, cuya actividad mental era prodigiosa en el despacho de cada día, en la redacción de los documentos oficiales, en la expedición de las medidas que exigía la guerra, en los cuidados y necesidades de cada punto del virreinato, en lo de cerca y en lo de lejos, no se dejó absorber todo entero por los intereses de la lucha tremenda en que estaba comprometido, y se dio tiempo todavía para ocuparse de un sinnúmero de mejoras y de progresos pertenecientes a la instrucción pública, a la higiene, al comercio, a la política orgánica, a los abastos y a las mejoras materiales del municipio. Todo lo penetraba y todo lo mandaba hacer, con una eficacia y con una rapidez difícil de comprender en otra cabeza que en la de aquel hombre ardiente como el fuego y vivaz como la luz.
Pero al mismo tiempo que el doctor Moreno comprendía la necesidad de consolidar el triunfo de la revolución por las armas, trataba de reaccionar contra la peligrosa corriente que tendía a militarizar al país, y buscaba fuerzas en la educación para corregir los vicios de esa tendencia y darle espíritu social. Así, al ordenar la creación de la Biblioteca Pública, lo hacía con palabras y conceptos de un alto alcance: "Los pueblos compran a precio muy subido la gloria de las armas; y las Musas, ahuyentadas con el horror de los combates y con el ruido de las armas, huyen de donde no hay tranquilidad, porque insensibles los hombres a todo lo que no sea desolación y estrépito, descuidan aquellos establecimientos que en tiempos felices se fundan para cultivo de las ciencias y de las artes. Si el magistrado no empeña su poder y su celo en precaver el funesto término al que progresivamente conduce tan funesto estado, si a la cultura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro, y la rusticidad de los hijos deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres. Buenos Aires se halla amenazado de esta terrible suerte; cuatro años de glorias han minado sordamente la ilustración y las virtudes que la produjeron". Con este motivo se lamentaba el doctor Moreno de la clausura del Colegio de San Carlos y de la decadencia de los estudios públicos, y aseguraba que el gobierno se ocupaba seriamente de restablecerlos de acuerdo con los progresos y con la filosofía de la época. En prosecución de los mismos fines comenzaba esta obra de reparación vital para la educación del espíritu público, por el restablecimiento de una Biblioteca digna de la capital; porque "en todos los tiempos las bibliotecas públicas fueron miradas como uno de los testimonios de la ilustración de los pueblos". Y en efecto: esa Biblioteca de Buenos Aires, fundada en 1810 por el doctor don Mariano Moreno, y puesta por él bajo la dirección del canónigo doctor Segurola y del franciscano señor Cayetano Rodríguez, en quienes concurrían la erudición y un amor acendrado a las letras, fue luego un monumento en manos de nuestro eminente bibliófilo don Manuel Ricardo Trelles.
(...) y lo encontraba sin embargo para presidir con Belgrano la creación y el establecimiento de una preciosa escuela de matemáticas. (...)
Si se ocupaba de las ciencias no descuidaba ni por un momento los intereses del comercio y las mejoras materiales. Disminuía los derechos de la exportación de los productos rurales "con el fin de hacerlos entrar más fácilmente al comercio exterior en retorno de las introducciones extranjeras". Se ocupaba de hacer inútil el contrabando con las franquicias que debían equilibrar justamente los beneficios del comercio. Reglamentaba el resguardo y el despacho marítimo de las consignaciones y de los manifiestos. En vista de las necesidades del comercio y de las contingencias de un bloqueo con que ya amenazaban los marinos de Montevideo, ponía su ojo previsor sobre el puerto y los terrenos de la Ensenada y decía: "El fomento de esa población, que la Junta ha resuelto sostener a toda costa, excitará la codicia de algunas personas poderosas, que en semejantes ocasiones adquieren terrenos dilatados por interés de la reventa, o para restablecer grandes posesiones, que quitan a los pobladores la esperanza de ser algún día propietarios; y limitaba las áreas que podía poseer cada propietario en favor de los pretendientes a comprar terrenos allí, obligándolos a todos a edificar".
De lo alto de sus concepciones y medidas bajaba a lo cómodo, a lo útil y a las vitales necesidades de la higiene. Constituía un establecimiento permanente para la propagación de la vacuna (…) Organizaba las rondas de policía para asegurar la propiedad y la quietud del vecindario. Mandaba reparar y nivelar las veredas y las calles de la ciudad. Facilitaba con medidas liberales los abastos de vecindario. Reglamentaba la matanza y las volteadas de los ganados vacunos para que se conservasen las crías, y para que no quedasen impunes los robos de haciendas. Democratizaba los empleos y los grados militares en busca de las aptitudes que pudieran brotar del seno del pueblo. Y al mismo tiempo publicaba en la Gaceta artículos sustanciales sobre la libertad de imprenta y sobre los principios de la política orgánica que debía discutir y sancionar el Congreso, con una elevación de miras y con una seguridad de estilo que los hace preciosos todavía y dignos de ser estudiados con seria detención por las generaciones presentes. ¡Y toda esta variada y múltiple labor se realizaba en medio de las atenciones absorbentes y de los terribles cuidados de la guerra emprendida contra las fuerzas de los mandatarios de España, que eran dueños todavía de la mayor parte del virreinato!
Dos grandes defectos hacían desgraciado, sin embargo, el temperamento de este grande hombre. Intachable como padre de familia y como amigo, dotado de una honorabilidad espartana, modelo de administrador y de pureza, don Mariano Moreno habría sido completo sin esos defectos. Pero, por desgracia suya, había nacido con una fantasía tan viva cuanto asustadiza y cobarde. Estaba sujeto a insomnios terribles, en medio de los que veía el tumulto de sus enemigos acechándolo con puñales unas veces, y otras encarcelándolo para arrastrarlo a la horca. Tenía una naturaleza nerviosa, con entusiasmos fantásticos que no se apartaban de su vista sino en el fuego de la acción. Pero en los momentos en que la acción decaía, su espíritu no encontraba la quietud del reposo, sino por el contrario, tendida la vista a su alrededor, y alarmado con las emanaciones enfermizas de la soledad y del monólogo, que continuaba dándole relámpagos siniestros, vagaba en las tinieblas de mil inquietudes indefinidas asaltado por dudas abultadas sobre la inseguridad de su persona y de los destinos de la causa a que estaba entregado. Al día siguiente entraba otra vez en la acción incitado por la febril necesidad de anonadar los obstáculos y los elementos contrarios que sus sueños le habrían presentado con formas gigantescas y apremiantes. Quizá esa misma lucidez extraordinaria que iluminaba su mente y sus propósitos era la que le daba esa rara y poderos a vehemencia, envolviéndolo en los fulgores intermitentes que le asaltaban. Y tal vez digo mal: en vez de ser la causa ¿no serían sus talentos mismos el efecto natural de esa predisposición enfermiza y de esas cavilosidades de su espíritu? El doctor Moreno era una alma sin reposo moral, nos decía uno de los contemporáneos que más lo había tratado y querido; un alma fanática y ascética devorada por una actividad asombrosa. Con el mismo ardor con que se había entregado a las lucubraciones místicas de Tomás Kempis y a la disciplina de la penitencia, se dio después al misticismo social de Juan Jacobo Rousseau. Pero no era esto lo más sorprendente, sino que su espíritu bajaba a lo práctico, a lo indispensable en cada momento, con una claridad y con un oportunismo que le habría envidiado el más experto de los hombres de Estado .
*Panoramas y retratos históricos. W.M. Jackson INC. Editores.

Publicado en :


sábado, 4 de junio de 2011

LAS POLÉMICAS DEL BICENTENARIO : GALASSO VS FEINMANN (Página 12, 09-05-10)

Arriba : Norberto Galasso y Juan Pablo Feinmann

25 DE MAYO DE 1810

Galasso vs. Feinmann
09-05-2010 / El historiador le responde al filósofo por un artículo publicado en Página 12.


“Sorprende que Feinmann adjudique el antinacionalismo a Moreno y San Martín”, dice Galasso.

Por Norberto Galasso
Historiador

El artículo se titula Cómo se conquistó el pacto neocolonial (18/04/2010, Página 12) y sorprende que José Pablo Feinmann no mencione a Bartolomé Mitre (trazado de ferrocarriles ingleses en abanico hacia el puerto, empréstitos e instalación de bancos ingleses) y en cambio, le adjudique ese protagonismo antinacional a la Revolución de Mayo, a Mariano Moreno y al General San Martín. Por eso, paso a reseñar lo fundamental del artículo donde encuentro graves errores.

Feinmann reproduce una cita de Mariátegui fundando así su tesis descalificatoria de la Revolución de Mayo: “Los ingleses habían financiado la fundación de las nuevas repúblicas”. Pero esa cita es aplicable a 1824 y no a 1810. Proviene del libro El congreso de Verona, del vizconde de Chateaubriand, quien sostiene: “De 1822 a 1826, diez empréstitos han sido hechos en Inglaterra en nombre de las colonias españolas”. Chateaubriand explica el objetivo colonialista de esos 10 empréstitos, por un total de 20.078.000 de libras y después de demostrar que fueron una estafa –Inglaterra quedó como acreedora por 35.745.000 libras– concluye: “Las colonias españolas se volvieron una especie de colonia inglesa”. Esto se produce entre 1822 y 1826 y se corresponde con la política de la burguesía comercial portuaria expresada por Rivadavia en el período que Vicente López y Planes llama “de la contrarrevolución”, respecto al período de Mayo (1810-1821) que fue, según señala, el de “la revolución”, cuando se hablaba “de patriotismo” mientras que en la época rivadaviana “se proclamó el principio de habilidad o riqueza” (Carta a San Martín del 4/1/1830). Con esos empréstitos quedaron encadenados al Imperio varios países latinoamericanos –fue el inicio, con Baring Brothers, de nuestra deuda externa– y no existe relación alguna con la Revolución de Mayo. Scalabrini Ortiz enseñó, en Las dos rutas de Mayo, que la de Moreno (nacional y revolucionaria) era antagónica a la de Rivadavia (colonialista). Puede sostenerse que en 1824 nace ese pacto semicolonial que consolida luego Mitre a partir de 1862.
Como al pasar, Feinmann sostiene que “hay quienes afirman que la revolución de Mayo, a diferencia de la otras de América, tomó el espíritu de las Juntas españolas que luchaban contra la España absolutista” y agrega: “Corrijamos esto: no se puede comparar a las Juntas Populares de la España rebelde, popular y antibonapartista con la mera individual Junta de Mayo [...], junta de mayo que nunca fue popular ni tenía cómo serlo”. En primer término, no hay diferencia entre la revolución de Mayo y “las otras de América”, pues en todos los movimientos entre 1809 y 1810, se forman Juntas Populares, como en España, para desplazar a los virreyes, y en todas ellas se jura por Fernando VII, lo que prueba que no tenían inicialmente un propósito separatista y que al igual que las juntas españolas, confiaban en Fernando VII como el posible modernizador de España. Esa revolución española declara que las tierras de América no son colonias, sino provincias, y propicia la formación de Juntas, cuyo contenido inicial es democrático, no independentista y se tornan separatistas a partir de 1814 cuando la revolución española es derrotada por el absolutismo (hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires). En segundo lugar, es correcto que nos faltó una burguesía nacional unificadora, capaz de consolidar la revolución hispanoamericana. Ni Moreno ni Bolívar ni San Martín tuvieron burguesía nacional en que apoyarse o cuando la había, era muy débil y estaba mentalmente colonizada, como le ocurrió después a Perón en la Argentina. Pero también faltó –o fue muy débil– la española, y por eso volvió el absolutismo a España en 1814. Sin embargo, Moreno sostenía la necesidad del rol del Estado que podría reemplazarla como se ha planteado un siglo y medio más tarde en varios países del tercer mundo (por eso, Moreno, al igual que San Martín, gesta fábricas estatales de armas y de pólvora).

Otro error consiste en afirmar que “la Junta de Mayo nunca fue popular ni tenía como serlo [...] que sus compañeros (los de Moreno) eran básicamente dos”. Por el contrario, eran sectores populares dirigidos por los chisperos o manolos de la Revolución como French, Beruti, Donado, Arzac, Orma, Dupuy, Cardozo, Planes y muchos otros que movieron mil personas en la plaza (el 2% al 2,5% de Buenos Aires; en valores actuales sería una concentración de 80.000 a 100.000 personas). Los enemigos del pueblo tenían en claro lo que era el morenismo: Arroyo y Pinedo lo aborrecía porque “Moreno sostiene que ya todos somos iguales, máxima que así vertida en la generalidad ha causado tantos males” y agregaba: “En estas circunstancias en que el susodicho Moreno se había arrastrado a la multitud”.

El morenismo se continúa después de 1810 con Monteagudo y San Martín. Son los continuadores de Moreno, después de su muerte y tanto es así que la Asamblea del año XIII adopta importantísimas medidas democráticas y antiabsolutistas, iguales a las que aplica San Martín cuando es Protector del Perú: principios fundamentales como la destrucción de los instrumentos de tortura, la abolición de títulos y escudos nobiliarios, la abolición de los tributos que pesaban sobre los indios y la libertad de vientres, entre otras. La confrontación de clases y de proyectos es evidente en esa época. Que la izquierda abstracta pregone que son luchas interburguesas pues ninguno aspiraba al socialismo y, por tanto, despreciables, resulta coherente con su desvinculación con la clase obrera real, pero que lo haga un filósofo de la talla de Feinmann, es lamentable y peligroso.

Asimismo, sorprende que Feinmann no acuse a Mitre del pacto semicolonial y en cambio defenestre a Moreno y, al mismo tiempo, descalifique a Lenin y niegue el protagonismo popular –justamente cuando se multiplican hoy las concentraciones populares– para luego caer en la versión de Sejean de que San Martín fue sobornado en Londres en 1811, y no le interesaba la unión latinoamericana –justamente hoy cuando avanzamos hacia ella con la Unasur y otras expresiones de la Patria Grande–.

Advierto en el artículo de Feinmann algunos otros errores. Por ejemplo, sostener que los terratenientes deseaban exportar trigo en 1810, cuando ello sólo empezó a manifestarse siete décadas después, desacierto que proviene seguramente de las urgencias periodísticas. Pero no puedo dejar de criticar el final donde afirma: “Acaso en Guayaquil –si Bolívar le confió sus sueños sobre la gran nación bolivariana– le dijo no, lo que yo vine a hacer a este continente ya está hecho. Y se fue”. Con esta suposición sugiere (previamente señala dos veces que vino en una fragata inglesa) que San Martín, al igual que los revolucionarios de Mayo, es también responsable del pacto semicolonial, dando aliento así a la tesis de Sejean de que San Martín era un agente inglés. En este aspecto existen proclamas, cartas y en especial el tratado “Pacto de unión, liga y confederación perpetua”, firmado el 6/7/1822, entre Monteagudo, en representación de San Martín, y Mosquera, en representación de Bolívar, por una “asociación para formar una nación de repúblicas”. Este tratado aparece en los textos como entre Perú y Colombia, pero Perú incluía el territorio que luego fue Bolivia y tenía el apoyo de Chile (O’Higgins) y Colombia se integraba con Venezuela, Ecuador, Colombia y Panamá, que formaba parte de esta última, y en él se comprometen los firmantes a “interponer buenos oficios con los gobiernos de los demás estados de la América antes española para entrar en este pacto”. Por supuesto, el probritánico Rivadavia no apoya esta política.

Publicado en :
http://www.elargentino.com/nota-90064-medios-123-Galasso-vs-Feinmann.html

Artículo seleccionado por el profesor Adrián Corbella

viernes, 3 de junio de 2011

LA HISTORIA ES HOY, Y TODOS TENEMOS QUE ESCRIBIRLA, por Adrián Corbella (para Redacción Popular , mayo de 2011)

Arriba : Líderes latinoamericanos de ayer y de hoy : José de San Martín, Rafael Correa, José María Morelos, José Martí, Simón Bolívar, Salvador Allende, Jorge Eliécer Gaitán, Bernardo O’Higgins, Francois Toussaint Louverture, Emiliano Zapata, José Artigas, Luis Inacio “Lula” Da Silva, María Eva Duarte de Perón, Evo Morales, Augusto Sandino, Juan Perón, Francisco Solano López, Manuel Belgrano, Hipólito Yrigoyen, Fidel Castro, Jacobo Arbenz, Mariano Moreno, Raúl Alfonsín, Juana Azurduy de Padilla, Manuel Dorrego, Néstor Kirchner, Hugo Chávez, y Ernesto Guevara.
El 25 de mayo de 1810 no es una fecha exclusivamente “argentina”. Ese día un grupo de “vecinos” de Buenos Aires destituyó al Virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros. Pero ese Virreinato, además de nuestro actual territorio comprendía también las modernas Repúblicas de Uruguay, Paraguay y Bolivia . Por esos días, hubo movimientos similares contra las autoridades españolas en muchas de las ciudades de Hispanoamérica, como Caracas, Bogotá y Santiago de Chile. En otras palabras, resulta imposible no inscribir nuestra independencia en un proceso de magnitud continental.
La independencia de la América Española es un proceso complejo, con causas diversas, con factores de discrepancia que introducían divisiones, y con múltiples consecuencias.
Por eso se encuentra en casi todos los casos una serie de elementos que se repiten, y que permiten construir las semejanzas.
En primer lugar, los criollos estaban disconformes porque se les imposibilitaba el libre comercio con Inglaterra, ya que los españoles mantenían una estructura comercial cerrada en la que la metrópoli era un oneroso intermediario. El deseo de comerciar libremente con Inglaterra fue un poderoso incentivo para las rebeliones. (1)
La segunda causa de descontento era el creciente control español sobre las colonias, que se manifestaba en una mayor participación en el gobierno colonial de funcionarios llegados directamente desde España, quienes desplazaban a los integrantes de la elite criolla de cargos que hasta ese momento siempre ocupaban. (2)
La tercer causa de descontento era la estructura de poder absolutista. Muchos hispanoamericanos querían un gobierno más liberal, con un grado algo mayor de participación “popular”, y por eso nos encontramos muchas veces a españoles luchando a favor de los rebeldes y a americanos con los realistas. Es decir, la lucha no fue al principio un combate entre “españoles” y “americanos” sino entre “absolutistas” y partidarios de las Nuevas Ideas. Durante mucho tiempo, y en muchas partes fue una auténtica “guerra civil” que enfrentaba a los habitantes del Imperio Español.
Y esta causa, muchas veces desdeñada, tuvo un peso considerable. (3)
Junto a estos elementos comunes, existieron factores que generaron divisiones a veces muy importantes.
En primer lugar hay un factor geográfico, ya que en muchos lugares, como sucedió en el Río de la Plata y en la actual Colombia, se produjeron conflictos entre regiones con intereses y problemáticas distintas, que generaron algunas secesiones (Uruguay, Bolivia, Paraguay, Ecuador) y graves conflictos internos entre los sectores centralistas afincados en la ciudad principal y los sectores federalistas de las provincias (Argentina, Colombia).
En segundo lugar, y con una importancia fundamental , existió un problema social, y a veces casi étnico, ya que la mayoría de las rebeliones fueron encabezadas por criollos de las ciudades. La integración a esos procesos de los sectores más pobres de la sociedad, sectores mayoritariamente rurales que tenían mucha más sangre americana originaria y africana que europea, va a generar diversas disputas, que no siempre se resolverán pacíficamente. Y, en aquellos lugares en los cuales esas masas intentaron protagonizar las rebeliones (como fue el caso de México), los criollos se refugiaron en el poder español para evitar el alzamiento de los más desfavorecidos. (4)
Finalmente, debemos señalar que, mientras que para muchos el proceso de independencia fue siempre algo continental, en donde cada sociedad latinoamericana necesitaba y dependía de la otra, y por ello planearon procesos de gran alcance, como los planes de un San Martín o un Bolívar, otros miraban sólo su realidad local, y pretendían una salvación individual, “nacional”.
En Argentina vemos todos estos conflictos con mucha claridad. En el conflicto entre Mariano Moreno y Cornelio Saavedra se muestra esta oposición entre los criollos revolucionarios e independentistas , fuertemente influidos por la Revolución Francesa (Moreno), y los criollos más moderados, que no descartaban la independencia, pero quizás estaban dispuestos a conformarse con menos (Saavedra).
Este conflicto irá cambiando de forma, pero seguirá existiendo hasta los albores de la década del ’20, cuando aún existen grupos monárquicos dispuestos a coronar en el Plata a un Príncipe europeo emparentado con los reyes de España.
Lo social también aparece rápidamente en el conflicto entre directoriales o “centralistas” (más tarde unitarios) y las primeras montoneras federales de caudillos como José Gervasio Artigas, Francisco “Pancho” Ramírez, o Estanislao López, e incluso con las dificultades que enfrenta con las autoridades nacionales un personaje del calibre de Martín Miguel de Güemes (5). También se vinculan con esta cuestión las ideas y proyecto de un Manuel Dorrego, que intenta transformar la guerra de Argentina con el Imperio del Brasil por la Banda Oriental, en una cruzada continental argentino-bolivariana, sudamericana, en contra de la monarquía y la esclavitud…(6)
Respecto al carácter continental o local del proceso, el que fue un icono de esa segunda posición se llama en Argentina Bernardino Rivadavia. Y a él podría claramente contraponerse la figura de San Martín. (7)
Estos conflictos no son tan viejos como parecen, porque seguimos en las mismas discusiones. Seguimos dudando respecto a que posición adoptar frente a los poderes mundiales. Tampoco tenemos todos tan claro nuestra unidad continental. Y sigue siendo problemático para los sectores más desfavorecidos ser parte de los procesos generales.
Como siempre la Historia nos plantea problemas y dudas que son del ayer, y también del hoy…o incluso del mañana.
El ser humano tiene tendencia a repetir conductas, a reiterar errores, a tropezar varias veces con la misma piedra.
Esa reflexión sobre el pasado a la que llamamos Historia no tiene demasiado que ver con el Pasado.
La Historia es hoy, y todos tenemos que escribirla.
Adrián Corbella, 23 de mayo de 2011

NOTAS :
(1) : Esta causa es muy destacada por historiadores de raigambre liberal. Desde otras perspectivas muchas veces se la cuestiona ; Norberto Galasso ha destacado recientemente que, por ejemplo, en el Río de la Plata, el virrey Cisneros había liberalizado el comercio en 1809, por lo que esta cuestión pasa a ocupar un lugar secundario. (Norberto Galasso : “La Revolución de Mayo (el pueblo quiere saber de qué se trató)”, Ediciones del Pensamiento Nacional-Colihue, Buenos Aires, 2009, Cap.I )
(2) : Esta causa ha sido destacada por diversos historiadores, incluso extranjeros (Ver por ejemplo la “Enciclopedia de Latinoamérica” publicada por la Universidad de Cambridge. Hay versión española : Debate, Barcelona, 1987).
(3) : Galasso , en el libro citado en la primera nota, pone especial énfasis en esto. Y menciona a españoles luchando del lado “patriota” (los vocales de nuestra Primera Junta Matheu y Larrea, o el propio San Martín, nacido en Yapeyú pero que había vivido cinco sextos de su vida en España, y luchado por su bandera). O el de muchos americanos en el lado realista (los generales Pío Tristán y Goyeneche eran peruanos ; Olañeta, el gran enemigo de Güemes, era jujeño).
(4) : México se independiza recién en 1820, cuando una revolución liberal en España amenaza con democratizar un poco la aristocrática sociedad colonial del país azteca. En 1810 hay alzamientos indígenas acaudillados por los curas Hidalgo y Morelos, sangrientamente reprimidos por los mismos dirigentes criollos que diez años después proclamaron la independencia.
(5) : Ver al respecto Pacho O’Donnell : “Caudillos Federales. El grito del interior”, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2008, Cap. 3.
(6) : Ver al respecto Hernán Brienza : “El loco Dorrego. El último revolucionario” (Ed.Marea, Buenos Aires, 2010). Dorrego intentó convencer a Bolívar de lanzar al ejército de la Gran Colombia en contra de las fuerzas imperiales y esclavistas del Brasil, no en una guerra de conquista sino libertadora.
(7) Y por eso San Martín recibía en Perú una ayuda casi nula de las autoridades de Buenos Aires. Esto lo obliga alejarse y dejar su lugar a Bolívar.

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