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martes, 11 de octubre de 2011

CINCO SIGLOS DESPUÉS DEL GENOCIDIO , por Adrián Corbella (para "Nos Comunicamos" y "Diario24" 11-10-11)



El 11 de octubre de 1492 los habitantes de un enorme continente de nuestro planeta vivían su último día de aislamiento ; alguno con más espíritu poético que yo quizás dijera “de soledad”. Pero no creo que esa sea la palabra adecuada. A veces, es mejor estar solo que mal acompañado…
Los pueblos de este continente, al que la etnia kuna llamaba Abya Yala, habían llegado desde la lejana Asia varios miles de años antes. Cambios climáticos en el globo terráqueo los aislaron de ese megacontinente que integran Europa, Asia y África, que están unidos por tierra.
Los pueblos de este continente, el continente desde el que escribo, desarrollaron muchísimas culturas, muy diversas. Tribus y clanes, Imperios y ciudades-estado, nómades y sedentarios, belicosos y pacíficos… había de todo.
No eran ni buenos ni malos, eran sólo seres humanos como los que habitaban los demás continentes. Algunos se relacionaron entre sí, alternando guerras y comercio, conquistas y migraciones. Otros jamás se conocieron, jamás entraron en contacto.
El prolongado aislamiento en relación a otros continentes los llevó a un desarrollo muy peculiar, con una fuerte identidad, pues no podían, como hacían los pueblos de Asia, África y Europa, copiarse unos de otros.
Como no había caballos ni camellos no se dieron en este continente fenómenos como el de los hunos y mongoles, o tantos otros pueblos de las estepas eurasiáticas, que unían con sus invasiones culturas muy distantes, como las de Europa y China.
Tampoco surgieron grandes pueblos dedicados a la navegación marítima, como fueron en el Viejo Mundo los griegos o los fenicios, que llevaban de aquí para allá productos, ideas y técnicas. Nuestros grandes navegantes fueron pueblos fluviales, como los inquietos guaraníes, que se extendieron por toda la cuenca del Plata.
Y si bien algunos alcanzaron un desarrollo cultural muy importante, y nos vienen a la mente enseguida los nombres de Incas, mayas y aztecas, y otros de éstos pueblos vivían de una manera muy simple, la mayoría no estaban preparados para resistir lo que llegó a partir del 12 de octubre de 1492.
Los europeos, españoles primero y otros grupos después, traían armas casi mágicas, que generaban fuego, humo y mucho ruido, barcos magníficos, extraños animales que transportaban a gran velocidad a los guerreros, armaduras de metales duros y brillantes, y perros entrenados para atacar. Además estos recién llegados (¿Serían dioses?) eran muy hábiles para dividir a los pueblos locales y enfrentarlos unos con otros.
Y, a la vez que algunos pueblos de este continente comenzaban a ser derrotados , extrañas enfermedades atacaban sin piedad a los habitantes de Abya Yala. Enfermedades que los invasores no contraían.
Bastaron cien años para que medio continente quedara en manos de los recién llegados. Sólo lograron evitarlos los pobladores de hábitats que complicaban a los invasores : llanuras interminables, selvas o bosques impenetrables, páramos helados. En estas zonas las culturas locales se mantuvieron, y muchas se fueron transformando por influjo indirecto de los conquistadores : aprendieron a montar esos extraños animales, y , eventualmente, a manejar las mágicas armas.
Para los demás pueblos, para los que habitaban la mitad conquistada del continente, fue como el fin del mundo.
Derrotados, despojados y casi esclavizados se vieron en manos de unos conquistadores que además les imponían su lengua, su religión, sus costumbres. Conquistadores que trajeron nuevas plantas y animales, así como más trabajadores, a los que también trataban mal, de un lugar lejano y misterioso.
Se había concretado un genocidio ; habían muerto decenas de millones de personas ; etnias enteras habían desaparecido, junto con sus lenguas, religiones, costumbres, conocimientos ; ni el hábitat se mantenía igual.
De las cenizas de esta hecatombe, nacía un Nuevo Mundo.
Nosotros, americanos del siglo XXI, somos hijos, herederos de ese genocidio. Genocidio que dio origen verdaderamente a un Nuevo Mundo, en el que americanos, europeos y africanos se mezclaron profundamente.
Porque aquí ya no hay europeos “puros”, ya no hay americanos “puros” , ya no hay africanos “puros”. Nos hemos mezclado étnica y/o culturalmente. Somos un Nuevo Mundo mestizo.
Incluso nosotros, los argentinos, que hicimos tantos esfuerzos por transformarnos en europeos, por renunciar a ese pasado criollo, africano y americano que avergonzaba a nuestros intelectuales liberales o positivistas, tenemos por bebida nacional al mate (que nos heredaron los guaraníes), y por música nacional al tango (con influjos diversos, incluso africanos)…
Debemos saber quienes somos. Y, como continente mestizo, debemos aprender a respetar y valorar tanto las diferencias como las coincidencias.
La mayoría de los continentes son sólo líneas trazadas arbitrariamente en un mapa… ¿Qué es un asiático?... ¿Qué une a un árabe con un japonés, a un hindú con un chukchi siberiano, a un armenio con un vietnamita?... Absolutamente nada.
En cambio, y pese a nuestras a veces enormes diferencias, si podemos encontrar grandes similitudes entre un argentino y un mexicano, entre un chileno y un brasileño, entre un uruguayo y un cubano…
Mañana (el 12 de octubre) se cumple un nuevo aniversario del que fue posiblemente el mayor genocidio de la historia de la humanidad.
La conquista fue como un gran tsunami que arrasó un continente, transformándolo de una forma irreversible. Somos lo que quedó cuando el agua se replegó.
Recordaremos ese genocidio con tristeza.
Y trataremos de construir un “Nuevo Mundo” que sepa respetar y valorar a todos.

Adrián Carlos Corbella

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lunes, 10 de octubre de 2011

DIANA LENTON : "EL ESTADO SE CONSTRUYÓ SOBRE UN GENOCIDIO", reportaje de Darío Aranda para "Página 12" del 10-10-11.



LA ANTROPOLOGA DIANA LENTON, A PROPOSITO DE UN NUEVO 12 DE OCTUBRE


Integrante de la Red de Investigaciones en Genocidio y doctora en Antropología, Diana Lenton aporta pruebas del genocidio de los pueblos originarios. Campos de concentración, asesinatos masivos, fusilamientos y niños robados. Roca, el papel del Estado, la sociedad y los intelectuales.
 Por Darío Aranda
–¿Por qué afirma que el Estado argentino se funda sobre un genocidio?
–El Estado moderno constituye una forma de entender las relaciones entre Estado y sociedad, y construye todo un modo político de accionar, una normativa, instituciones que se fundan en el mismo momento que se realiza el genocidio. Y no lo relacionamos sólo porque es contemporáneo al genocidio sino porque esa estructura de Estado requirió que no hubiera más diversidad interna en el Estado. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado.
–Existen sectores que aún niegan que haya sido un genocidio. ¿Qué pruebas dan cuenta de que sí lo fue?
–Las ciencias sociales no tienen un concepto analítico acabado. Desde el campo jurídico internacional sí, lo provee Naciones Unidades en 1948 para juzgar los crímenes del nazismo. Esa definición habla de distintos elementos. Es genocidio cuando se puede establecer la intencionalidad de destruir a un pueblo. Otra característica es impedir la reproducción de ese grupo y también el robo de niños, cuando son secuestrados y entregados a familias de grupos dominantes, y se les reemplaza los nombres, porque así se atenta contra la continuidad de ese pueblo porque se le roba la memoria.
–¿Qué hechos concretos hubo?
–Matanza de población civil. Algunos tienen la imagen de batallas al estilo romántico de un ejército contra otro. La característica de la campaña de Roca es que está principalmente dirigida a la población civil. Las memorias del comandante Prado dicen claramente que el ataque a las tolderías es para caerles encima a las mujeres y niños que quedaron cuando los hombres no estaban. Estaba planificado así para llevarse el botín, sobre todo el ganado, y las familias porque ésa era la operación que iba a llevar a los indios a rendirse. Son operaciones contra la población civil, donde mueren mujeres y niños, o eran enviados como mano de obra esclava para el trabajo doméstico urbano o para la agroindustria, caña de azúcar y viñedos. También se cumplen otros elementos de genocidio, el someter a la población a condiciones que acarreen daño en su subsistencia, que pueda provocar enfermedad o muerte, y eso implicaron los traslados de la población sometida a campos de concentración.
–Ustedes dan cuenta de que el diario La Nación lo llamó crímenes de lesa humanidad.
–Mitre decía que lo que hacía Rudecindo Roca, hermano de Julio Argentino, eran crímenes de lesa humanidad porque se fusilaban prisioneros desarmados y se tomaban prisioneros a mujeres y niños. Para un sector del espectro político no era lo correcto, incluso Mitre, que no era nene de pecho, que tuvo responsabilidad en la guerra del Paraguay con episodios espantosos, sin embargo estaba asombrado, no criticaba que se hiciera la Campaña, sí cuestiona que un gobierno estuviera minando su propia legitimidad al desoír lo que eran avances de la civilización.
–También hubo campos de concentración.
–Hubo campos de concentración en Valcheta, Martín García, Chichinales, Rincón del Medio, Malargüe, entre otros. Son todos lugares donde se encierran a las personas prisioneras sin destino fijo. La autoridad militar era la dueña de la vida y muerte de ellos. La idea era de depósito porque iban a ser distribuidos. Eran prisioneros y esclavos. Se recibían pedidos de Tucumán, ingenios, de Misiones, estancias. Llegaban como familias y se los separaba. Hay pruebas de la violencia, cartas entre curas y arzobispos. Había muerte por las condiciones a las que estaban sometidos, ahí está también el genocidio. Y también había suicidios por el trauma social al que estaban sometidos. Los padres sabían que les quitaban a sus hijos, lo veían y decidían matarse. O mujeres que se tiraban al agua con sus hijos. En Valcheta hay documentos donde se describe que no se les daba alimentos y morían de hambre.
–¿Qué documentos existen?
–Existe mucha documentación oficial para discutir la historia impuesta. Los archivos oficiales, Archivo General de la Nación, la Armada, los archivos de las provincias. Y archivos privados de personas, de militares que han escrito cartas. También documentos de la Iglesia: de ahí surgen datos de cientos de chicos destinados a Jujuy y Tucumán. Quedan claras las edades de servicio doméstico, chicos desde los 2 o 3 años y hasta los 8. Los adultos que eran destinados al cañaveral y morían con sus familias, eso también es parte del genocidio.
–¿Hay cifras?
–El Poder Ejecutivo decía para 1879 que se habían trasladado 10 mil prisioneros de lo que era la frontera, se estaba recién en la zona norte de Patagonia, para trabajar hacia el Norte y Mendoza, industrias, servicios doméstico y Martín García. Para 1883, un informe oficial ya dice que son 20 mil. En el Chaco son cifras mucho mayores.
–¿Por qué la campaña militar al Norte no es tan conocida?
–No ha habido una manera sistemática de presentar la historia y menos la historia de los pueblos indígenas. Nos han legado imágenes, hemos aprendido que el Estado o territorio actual se completa con Roca, y él estuvo en el Sur.
–Suele justificarse la violencia con que “hay que situarse en la época”, como si fueran normales esas campañas militares.
–Algunos senadores como Aristóbulo del Valle, quizá la voz más clara contra la Campaña, preguntaban cuáles habían sido los resultados de la campaña al Sur y se decía que esos territorios no están incorporados al trabajo. Era el momento que se estaba rifando territorio, como dijeron en esa época observadores militares, no era para los pioneros ni para los agricultores, como se había prometido, sino para latifundistas. Aristóbulo del Valle denunciaba que el hombre había sido esclavizado, la mujer prostituida, los niños utilizados para el trabajo esclavo. No había, decía, ni avance económico ni cívico. Incluso hubo oposición de sectores de las elites.
–Igual se realiza.
–Se hace y es un fracaso desde el punto de vista militar. Hacia 1884 lo que consigue el general Victorica, que estaba al frente como ministro de Guerra, es derrotar a los principales jefes, pero no consigue ocupar el territorio. Eso recién pasará hacia 1911. No consigue ocupar porque el Chaco estaba mucho más densamente poblado por pueblos indígenas y con una variedad de pueblos, de lenguas y culturas distintas.
–¿Fue igual de cruenta que la del Sur?
–Sí, no sólo fue igual sino que esa operativa de secuestrar chicos, atacar mujeres, se extendió hasta avanzado el siglo XX; aun hoy todas las comunidades tienen recuerdos de los chicos robados por el Ejército.
–¿Cifras?
–No las tenemos, estamos trabajando, pero las víctimas superan ampliamente las cifras de la Patagonia. Y hay otros sectores del país donde tampoco se sabe mucho.
–¿Por ejemplo?
–Cuyo y la Puna. Estamos comenzando a trabajar lo que fue la Campaña a la Puna, que se conoció como Campaña al Susques, que se da por terminada en 1874, con la batalla de Quera. Aparentemente lo que más hubo fueron fusilamientos masivos que acabaron con la resistencia, lo que se llamó la Pacificación de la Puna, fusilamientos masivos durante 1874 y 1875.
–En Cuyo hubo campos de concentración...
–Sí, por la campaña al sur de Mendoza y norte de Neuquén, donde tomaron gran cantidad de familias prisioneras, que fueron utilizadas en la industrias de la vendimia en lo que hoy es Malargüe. La persona que más sabe es Diego Escolar, que vive allá, tiene muy documentado y cuantificado no sólo los prisioneros sino también la cantidad de chicos que eran enviados solos a la vendimia para trabajar para siempre, no iban y venían.
–¿Roca es sólo un símbolo o el responsable?
–Roca fue responsable del genocidio. Tuvo posibilidades de otro tipo de política. Hay pruebas de que él se informó con un enviado de su confianza en Estados Unidos para ver cómo funcionaban las reservas. Y estudió también a los franceses en Argelia. Decidió el modelo francés porque decía que el modelo de reservas era muy costoso. Hubo campañas militares anteriores, pero la de Roca fue la más sistemática y que tuvo un objetivo más declaradamente genocida. Hay declaraciones de Roca sobre destruir hasta el último indígena. Su discurso de asunción de la presidencia festeja que no cruza un solo indio la pampa.
–Es conocida la postura de los intelectuales de la derecha sobre Roca y los pueblos originarios. ¿Y la mirada de los intelectuales de izquierda o progresistas?
–Hay cierto progresismo que se construyó sobre el paradigma que dio lugar al genocidio y a una noción de la Argentina sin indígenas. A gran parte de los intelectuales no les importan los pueblos originarios. Se ha construido una idea de progresismo que puede ignorar a los pueblos originarios como si no existieran y tenemos una izquierda que ha ignorado las luchas indígenas, por eso todo es mucho más difícil.
–¿Por qué el genocidio sigue pareciendo algo sólo de la dictadura y no también algo que afectó a los pueblos originarios?
–Porque cuesta a gran parte de los argentinos considerar la historia de los pueblos indígenas como parte de la historia argentina. Tiene directa relación con asumir si es algo que les pasó y pasa a los argentinos o les pasó y pasa a otros.
–El juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, le agrega el factor de la clase social afectada.
–Sin duda tiene que ver la clase social víctima, pero sobre todo hay una mirada racista dentro de lo que es el sentido común argentino. La sociedad argentina es racista respecto de los pueblos originarios. Se piensa que lo que sucede con otras personas no es tan importante, por eso hay dolores que no nos conmueven y otros que sí. Para mucha gente un campo de concentración se define como tal cuando ahí adentro hay gente que se parece a mí, si no, no es un campo de concentración.
–¿De ahí la negación del genocidio?
–Tenemos un paradigma donde la palabra “genocidio” se puede aplicar cuando a mí me importa, cuando mi grupo de pertenencia es el afectado. Y la mayor parte de la intelectualidad, de la gente que construye teoría y construye consenso social en estas situaciones, compartimos un sistema cultural de pertenencia. Hasta tanto no podamos siquiera entender el dolor de los otros y sentirlo como el propio, no hay interculturalidad posible. No hay forma de dialogar.
–¿Interpreta continuidades de las campañas militares a fines del siglo XIX y la situación actual de muerte por desnutrición en Chaco, Misiones y Salta, o por represión en Formosa?
–Los pueblos originarios son víctimas de un genocidio que aún no terminó. Por eso como Red hablamos de que en la Argentina existe un proceso genocida de los pueblos indígenas porque no le podemos encontrar la fecha de finalización. No sólo el Estado se construye sobre un genocidio sino que también nuestro marco de pensamiento se construye sobre el genocidio, de tal manera que no hemos salido aún de él. El genocidio realizado por el nazismo tiene fecha de finalización. El fin de la guerra, el suicidio de Hitler, los tribunales de Nuremberg. El genocidio de la dictadura tuvo una Conadep, juicios. El genocidio indígena no tiene fecha de finalización y no hay juicios.
–No existió un “Nunca más” para los pueblos originarios.
–No hubo fecha de finalización. No hay ni hubo una instancia de reparación. ¿Cuál sería la instancia autorizada si queremos hacer juicios? Porque el Estado es el mismo Estado genocida. La única manera para poder realizar algo similar a los juicios de la dictadura es que también esté integrado por pueblos originarios.
–¿Lo cree posible?
–Hoy en día hay un movimiento importante de pueblos originarios que no había hace diez años, y en algún momento se va a dar. No puede ser la misma sociedad genocida la que lleve la acusación; lo que sí puede hacer la misma sociedad genocida es movilizar la posibilidad de generar un cambio interno.
–¿Por qué “sociedad genocida”?
–Porque hay procesos que se siguen produciendo. Si bien hay una apertura muy importante para la inclusión de los derechos específicos de los pueblos indígenas dentro de los derechos humanos, la actitud del Estado hoy en día no es la misma que se tenía hace diez años, hay un cambio positivo. Pero cuando esos derechos reconocidos de los pueblos originarios confrontan contra intereses económicos, ya sea del Estado o de particulares, siempre se atenta contra los pueblos originarios.
–¿Por ejemplo?
–El Estado sustenta buena parte de su modelo en actividades como la soja, el petróleo y la minería, entonces el derecho indígena se cae. El mismo Estado que habilita a los pueblos originarios a hacer determinados reclamos por otro lado los hace callar con la violencia que sea necesaria cuando está en juego una actividad económica que el Gobierno impulsa.
–¿Cómo se entiende esa contradicción?
–Por eso digo que la sociedad no terminó aún de ser genocida con los pueblos originarios. Porque frente a estos dos parámetros en conflicto automáticamente le da la razón al paradigma económico.
–¿La sociedad o el Gobierno?
–Van uno con el otro, es un ida y vuelta. El paradigma económico es el que se constituyó junto con el Estado y hoy se desarrolla la continuidad de ese paradigma. Si bien hay espacios de apertura interesantes, cuando confrontan paradigmas el que sale ganador es el paradigma racista, donde tenés derecho a decir lo que quieras, pero si tenés petróleo en tu comunidad el organismo que decide no es el INAI, el Inadi, ni una oficina de interculturalidad, sino la Secretaría de Energía. Y punto, no hay discusión posible.
–Es la economía...
–Cuando lo que está en juego son intereses económicos, siempre se atenta contra los derechos indígenas, con leyes que debieran respetarse.
–Las campañas militares tuvieron una matriz económica, una decisión política y una complicidad o al menos una indiferencia de la sociedad. ¿Observa paralelos?
–Es muy similar. ¿Cómo se definió el avance económico a fines del siglo XIX? Se decidió por la apertura de nuevos terrenos para la explotación intensiva junto con nuevas tecnologías que tenían que ver con el manejo de la ganadería, alambrados, nuevas técnicas que acompañaban la inclusión de territorios para el mercado exportador. Y ahora estamos viviendo lo mismo, la soja es exactamente eso. La nueva tecnología y la incorporación de nuevos territorios que antes estaban libres, donde había comunidades que podían vivir.
–El petróleo y la minería repiten la misma lógica.
–Lo están padeciendo, entre otros, los mapuches en zona de meseta. Cuando las comunidades se habían establecido en la meseta, ese lugar no era objetivo de explotación; ahora sí. Hoy sufren un acoso tremendo e ilegítimo de parte de mineras y petroleras.
–Hay un argumento legitimador que se repite: el progreso.
–Sí, hoy es el desarrollo, como una utopía de la sociedad occidental, pero el problema es que se establecen como si fueran características que pudieran tener sólo la sociedad occidental y los otros no, y que además son a costa del vivir de los otros. El problema de este concepto de desarrollo o progreso, hoy encarnada en la política económica extractiva, es que se les da una entidad más importante que la vida y la dignidad humanas. El desarrollo es importante, pero, ¿es tan importante como para avalar que el avance petrolero, minero y sojero ocasione contaminación y muerte? Y, no es casual, siempre ese “progreso” es a costa del “otro”, nunca es a costa del grupo de pertenencia dominante.
–Usted afirma que el genocidio aún no tiene fecha de finalización, mientras los pueblos originarios se organizan y luchan.
–Sin dudas, hoy han ganado visibilidad como nunca antes y tiene directa relación con la organización y los conflictos que enfrentan en los territorios. Por eso siento mucho respeto por los dirigentes e intelectuales indígenas, sé que hay diferencias como en cualquier espectro político, pero tengo un gran respeto porque tienen que tener mucha decisión y coraje, ya que están haciendo un trabajo de concientización, de educación política a todo el resto de la sociedad. Ser dirigente indígena sigue siendo profesión de riesgo, sobre todo en algunos provincias, porque es muy probable que vayas preso o te maten por defender el territorio. Nunca hay que olvidar que son pueblos que sufrieron un genocidio, pero se mantienen vivos.

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sábado, 25 de junio de 2011

Evo Morales. Discurso en Naciones Unidas


Discurso del Presidente de Bolivia Evo Morales Ayma ante el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Nueva York, 21 de abril de 2008


Editado por Adrián Tendler

 Y al ver algunos hermanos líderes indígenas de Latinoamérica, de Sudamérica, muy fortalecido por su presencia, tenemos muchos recuerdos con muchos de ustedes, o con algunos, por ejemplo, en la Campaña de los 500 años de Resistencia Indígena Popular.
Estoy seguro que en muchos países, en muchas regiones, ha habido mucha resistencia, con la conciencia de cada uno de los hermanos, de las organizaciones, que a veces desde la comunidad, desde la capitanía, desde las mismas estancias, nos organizamos para defender la tierra, para defender los servicios básicos, y eso nos obliga a pensar mejor sobre el derecho de los pueblos indígenas.

 Después de que se organizaron este Foro Permanente en las Naciones Unidas, como también otras instancias de organismos internacionales, pues ahora aprovechando estos espacios, los modelos económicos vigentes pueden entender a los modelos económicos de evidencia en los pueblos indígenas del mundo.

 Y si hablamos del movimiento indígena relacionado al tema ecológico, al tema del medio ambiente, últimamente llamado el cambio climático, yo siento que somos los pueblos indígenas los que tenemos moral y ética para hablar del medio ambiente.
 Yo venía a expresar la forma de cómo recuperar la vivencia de nuestros pueblos llamado el Vivir Bien, nuestra visión sobre la madre tierra, porque para el movimiento indígena la tierra es nuestra vida, y no es posible que un modelo capitalista convierta en una mercancía a la madre tierra
 Y por eso yo traigo algunas reflexiones para compartir con ustedes, para debatir, no solamente a este nivel sino también debatir con nuestras comunidades, con nuestras organizaciones de base.
Y dentro ese marco vengo a compartir y proponer para un debate unos 10 mandamientos para salvar al planeta, a la humanidad y a la vida.

 Primero, si queremos salvar al planeta tierra para salvar la vida y a la humanidad, estamos en la obligación acabar con el sistema capitalista (....) siento que es importante  acabar con la explotación a los seres humanos, cómo acabar con el saqueo de los recursos naturales, cómo acabar con las guerras destructivas para conquistar materia prima o el mercado, el despilfarro de energía, especialmente fósil, el consumo excesivo de bienes, la acumulación de basura.

El cuarto punto está orientado a un tema, el tema del agua, el agua como un derecho humano y de todos los seres vivientes de este planeta
Y no es posible que hayan políticas que permitan sólo privatizar el agua

No se puede entender cómo algunos movimientos pueden usar la tierra para chatarras y no para la vida humana, siento que es nuestra obligación como movimiento indígena crear una conciencia en nuestras naciones, para que la tierra beneficie a los seres humanos, a los seres vivientes, y que la tierra no sea usada para las chatarras.
Por ejemplo en mi país, el trigo va subiendo de precio, por tanto el pan va subiendo, y es un problema internacional, no solamente un problema de un país.

Como sexto punto: el respeto a la Madre Tierra. Yo creo allí, repito nuevamente, ningún sector, ningún experto, ningún especialista puede debatir con los dirigentes indígenas sobre el respeto a la Madre Tierra.

¿Quién podría privatizar o alquilar, fletar a su madre? Por eso, la tierra no puede ser entendida como una mercancía. Lamentablemente, el sistema capitalista nos trae y convierte, espero no equivocarme, a la Madre Tierra como una materia prima, por tanto como una mercancía, y cambiar esa mentalidad siento que va a costar.

 Yo sigo convencido que en el tema de tierra y con nuestra forma de vivir en colectividad, en comunidad, seguimos siendo como pueblos indígenas la forma de cómo mostrar una alternativa a esos modelos dominantes, a esos sistemas económicos vigentes, con sus políticas de privatización, ojalá podamos avanzar.

 Algunos me dicen, Presidente, Evo, estás hablando en vano, eso no se puede cambiar. Pero, quiero decirles que soy optimista, porque hay tantas formas de vivir en comunidad, en colectividad. Donde yo nací por ejemplo, no hay propiedad privada todavía, no hay propiedad individual. Hay una propiedad comunal, hay una zona ganadera, una zona agrícola. Ojalá la privatización no llegue, y saben los hermanos, acá esa forma de vivir en comunidad, en colectividad.
Además  la mejor forma de buscar la igualdad en tema de tierra es la unidad, es la organización. La mejor forma de cómo hacer respetar esas tierras comunitarias, colectivas, esa forma de recuperar las tierras, es la unidad y la organización.

 Yo diría el mejor título, la mejor documentación que podemos tener para poseer tierra es nuestra organización, hermanas y hermanos.

 Como octavo punto, consumir lo necesario, priorizar lo que producimos y consumimos localmente, acabar con el consumismo, el derroche y el lujo. No se puede entender que algunas familias sólo busquen lujos a cambio de que millones y millones no tengan posibilidades de vivir bien. Millones mueren de hambre cada año mientras millones de dólares se gastan para combatir la obesidad del otro polo de la sociedad.
 La crisis alimentaria va a acabar con el libre mercado, porque no es aceptable que se exporte afuera cuando la población tiene hambre adentro de los países.

Como penúltimo punto para el debate, noveno: promover la diversidad de culturas y economías. Somos tan diversos, aunque el movimiento indígena siempre fue excluido, estamos apostando a esa llamada unidad en la diversidad, un estado plurinacional donde todos están al interior de este estado plurinacional, blancos, morenos, negros, todas y todos.
Quiero explicarles brevemente lo que existe en Bolivia, que finalmente todos somos originarios. Algunos somos originarios milenarios, que somos muchos, y algunos somos originarios contemporáneos: pocos, están los originarios milenarios que son muchos: muy pobres, y los originarios contemporáneos: pocos, muy ricos, esa es la desigualdad.

 Y con una nueva Constitución Política del Estado boliviano queremos que haya igualdad entre los originarios milenarios y los originarios contemporáneos. De esta manera pues, vivir en esa unidad respetando nuestra diversidad, no solamente diversidad fisonómica, también diversidad económica, economías manejadas por las asociaciones, por las cooperativas, respetando la propiedad privada. Vamos a respetar.

Hermanas y hermanos, para terminar, como décimo punto, lo que nos planteamos, que no es ninguna novedad, el Vivir Bien. Sólo tratamos de recuperar de la vivencia de nuestros antepasados, vivir bien, no vivir mejor a costa del otro, construir un socialismo comunitario en armonía con la Madre Tierra. Permanentemente se habla del socialismo, comparto perfectamente, pero siento que hay que mejorar ese socialismo.

 Socialismo no es solamente entender la defensa al hombre. Socialismo sobre todo es entender que es una obligación de los pueblos vivir en armonía con la Madre Tierra, respetar las formas de vivencia de la comunidad, de la colectividad
 Hermanas y hermanos, aquí hay dos caminos, o seguimos por el camino del capitalismo y la muerte, o avanzamos por el camino indígena de la armonía con la naturaleza y la vida, todo para salvar a la humanidad.

 Hermanas y hermanos, ustedes saben día que pasa es una nueva lección para mí, pero vengo sobre todo a saludarles a los hermanos de México, de Guatemala, de Ecuador, que vemos por aquí, antiguos compañeros de Perú con los que hemos estado en permanente movilización, y siento que hay que seguir aún todavía movilizados con más fuerza, con mayor unidad.
 Hermanas y hermanos, muchas gracias por invitarme a este evento, muy contento nuevamente de haber tenido un encuentro con ustedes en este gran evento internacional, muchas gracias.
Pueblos andinos. Comunidad Aymara.

Cuestionario discurso Presidente Evo Morales.

1)      ¿Dónde dió el discurso y a quien se dirigía?
2)      ¿Qué actores sociales aparecen en el debate?
3)      ¿Qué problemas plantea el presidente de Bolivia?
4)      Hay dos modelos que se proponen resolver el problema. ¿Cuáles son, cuales son sus nombres?
5)      Mencioná tres características de cada modelo.
6)      ¿Qué propone la Constitución del Estado Boliviano?

2)Hacemos un cuadro con las características que menciona Evo Morales de cada uno de los dos modelos, el capitalismo y el “vivir bien”.

3) Buscamos el significado de términos como propiedad privada, mercancía, libre mercado y otros que forman parte del capitalismo.

4) ¿Cuales son los términos del “vivir bien” que se oponen a los del capitalismo mencionados en el punto 3? ¿En qué consiste esa oposición?

viernes, 10 de junio de 2011


Estructura de la comunidad de indígenas tradicional por Fernando Fuezalida Vollmar
Una hipótesis de trabajo
 Articulo tomado del libro de José Matos: "Hacienda, comunidad y campesinado en el Perú"
Selección de Adrián Tendler 

FERNANDO FUENZALIDA VOLLMAR

En el año 1969 el gobierno del general Velasco Alvarado llevó adelante en Perú una reforma agraria. Esta decisión política motivo que un grupo de antropólogos reunidos en el "Instituto de Estudios Peruanos", se dedicara a realizar estudios de gran calidad sobre las comunidades andinas para prever los efectos de la reforma agraria sobre su estructura y funcionamiento. 

Por proyección de los datos proporcionados por el Ministerio de Trabajo y Comunidades del Perú, sobre un total de 1,568 comunidades de indígenas registrados (Fajardo n/d) podemos, sin embargo, deducir que no menos de cuatro millones de personas - 40% de la población nacional - siguen estando organizadas en el Perú en esta clase de comunidad. En un país en el cual la agricultura es la ocupación del 60% de la población, éstas representan el 67% de las personas dedicadas a la agricultura, ocupando el 62% de las tierras cultivadas.  Según datos de 1962 la tierra bajo cultivo en el Perú cubre 1'639,537 Has.; 1'000,000 de Has. son cultivadas por comunidades de indígenas.


Las comunidades de indígenas constituyen un rasgo
típico de la sociedad rural en los Andes Centrales. Existen en Bolivia, donde son 3,779, y en el Ecuador, donde son no menos de 2,000 (Matos Mar 1965: 4), con las mismas características que en el Perú. Históricamente, han sido identificadas con el segmento aborigen de la población de esos países, que constituyó la masa de los habitantes del Imperio Incaico.

De ellas se ha dicho que constituyen "el repositorio y la célula de la cultura quechua" (Kubler 1946: 409). "Quechua", en este contexto, es un término genérico que cubre una amplia gama de variaciones locales en la cultura andina, desde las sierras ecuatorianas hasta el norte chileno y el noroeste argentino, e incluye comunidades lingüísticas tan distintas como las de los aymaras del lago Titicaca, los kauke de Yauyos y los runa-simi del Cuzco.

Mi intención en este artículo es proveer una caracterización general de la organización interna de la comunidad de indígenas andina tradicional. Las fuentes que presento son informes etnográficos producidos durante el período 1910-1966. Cubren un total de 24 comunidades, en su mayor parte en las áreas del lago Titicaca, Cuzco, Ayacucho, Huánuco, Junín, Cerro de Paseo, Huancavelica, Callejón de Huaylas y Lima.

La comunidad de indígenas peruana, es un producto de la conquista. Su constitución implica la ruptura de un sistema más antiguo de relaciones campesinas y su reorientación hacia las metas impuestas por los gobernantes coloniales.
Esas metas incluyen a nivel económico, la organización de la población incaica en grupos fácilmente manejables capaces de proveer al país con mano de obra y abastecimientos, y de pagar por su propia administración, la difusión de los valores cristianos y el mantenimiento de una separación entre los gobernantes españoles y los campesinos indígenas.

La reducción o común de indios, más tarde llamada comunidad, fue la institución creada para satisfacer todos esos requerimientos.
El contexto en el cual la comunidad apareció es el de la intensa decadencia tecnológica, la desorganización originados en cincuenta años de continuas guerras y epidemias, la deserción o destrucción de la administración incaica, y el arbitrario poder ejercido por los primeros conquistadores.

El territorio peruano está  insuficientemente dotado para la agricultura. La mayor parte es una prolongación de la selva amazónica. Nueve décimos del resto están constituidos por la cordillera de los Andes corriendo de sur a norte. Sólo queda en las orillas del Pacífico una estrecha franja desértica cuya aridez es apenas aliviada por precarios cursos de agua abriéndose camino desde los Andes Occidentales hacia el mar.

El suelo más rico se concentra en el fondo de los valles, que son habitualmente profundos y estrechos, de modo que la disponibilidad de tierra llana e irrigada está severamente limitada. En las laderas el suelo es delgado y pedregoso. Más arriba, en las punas, el hielo lo endurece hasta el punto que roturarlo con el arado indio (taklla) e inclusive con el español se hace imposible.

Los años de sequía son frecuentes con ciclos que varían entre los cinco y los veinte años según las áreas. En las mesetas en torno al Titicaca, el ciclo de sequía es de cinco a siete años. Las épocas secas sonseguidas por lluvias torrenciales e inundaciones.
El desprendimiento de laderas, durante la estación lluviosa, es un fenómeno característico y las extremas variaciones de temperatura pueden ser del orden de 20°C en 24 horas, a alturas superiores a los 4,000 metros.

La altura, determinando rígidamente los cultivos, es uno de los más importantes condicionantes de la agricultura andina, 4,000 metros es el límite para la mayor parte de las cosechas aborígenes, incluyendo las papas y muchos otros tubérculos, y también para algunos productos europeos excepcionales como la cebada. Unas cuantas variedades de papas pueden ser cultivadas, sin embargo, hasta los 4,800 metros. El trigo y la mayor parte de los productos de origen europeo se detienen a los 3,500 metros. Tal ocurre con el maíz, aunque  semillas de variedades especiales pueden ser cultivadas hasta los 4,000 metros. La coca, la caña de azúcar y el algodón tienen su límite en los 2,500 metros.

Los instrumentos pre-europeos de adaptación a tales condiciones fueron obras, en gran escala, de irrigación,andenería y almacenamiento de excedentes. La civilizaciónincaica estuvo casi completamente orientada hacia la agricultura.
Los Andes Centrales sostenían en 1525, una población de 6 millones de personas. Los andenes o terrazas fueron la solución adoptada para resolver la mala calidad del suelo, la falta de espacio y la erosión provocada por el clima.

Valles enteros fueron remodelados y escalonados de este modo a lo largo de kilómetros.
Con la andenería se combinaron obras de irrigación a fin de compensar la sequedad del clima. Los canales eran con frecuencia de muchas millas de longitud, con el óptimo gradiente, siguiendo los contornos de los cerros.

La escasez de los malos años era prevenida por medio de una red de graneros de escala nacional en la que los excedentes regionales eran almacenados para su posterior distribución.
La capacidad del Imperio Incaico para satisfacer los requerimientos de una agricultura intensiva en los Andes dependió de la existencia de una minoría técnica altamente calificada, pero también, y sobre todo, de la forma en que los recursos humanos fueron canalizados.
En el imperio incaico, todos los impuestos eran pagados en trabajo, nunca en especie. La mano de obra era aplicada al cultivo de campos especiales pertenecientes al Inca y al culto oficial pero el producto de los campos era dispuesto según el sistema de graneros. Considerables cantidades de trabajo tributario eran aplicadas a obras públicas. Secundariamente, debía prestarse servicio personal al emperador y a la nobleza y también participarse en minería, talleres y milicias.

La destrucción del equilibrio pre-europeo entre población y producción por causa de la conquista española,
tuvo los rasgos de un verdadero desastre. La  magnitud de la brecha originada entonces entre la antigua y la nueva sociedad puede solamente ser ilustrada por el hecho de que en escasamente treinta años la población se contrajo a la mitad. La población debía reducirse aún en una segunda mitad hasta 1630, y todavía en otra mitad hasta 1754.

Las recién fundadas poblaciones europeas ocuparon los fondos llanos de los principales valles, retirándolos de la producción y distribuyendo el resto entre los labradores españoles. Rebaños pertenecientes a los conquistadores, algunas veces hasta de 20 mil cabezas, invadieron los pastos y frecuentemente incluso las áreas de cultivo. Las obras de andenería e irrigación fueron abandonadas o prohibidas para el uso de los indígenas.

Con el nombre de mita el servicio laboral obligatorio fue perpetuado bajo el dominio europeo, pero los españoles aumentaron sus exigencias. Cada población y aldea en el Imperio debió entregar un sétimo de sus habitantes masculinos entre los 18 y los 50 años a la minería de Potosí y Huancavelica por cuatro meses de cada año. Para los conscriptos, el tiempo invertido en este servicio no descendió de seis meses cada vez, tenida cuenta de la duración del viaje.
Servicios adicionales se demandaron usualmente para talleres textiles, transporte de mercaderías, servicio de correos, conservación de puentes y caminos, albañilería, limpieza urbana, pastoreo de rebaños privados, abastecimiento de agua, abastecimiento de leña y servicios domésticos.
Otras demandas fueron impuestas bajo el sistema de tributo y camarico. Los camaricos fueron contribuciones en especie para la Iglesia y los funcionarios españoles. Los tributos fueron demandados simultáneamente en efectivo y en especie. Los tributos en especie debían ser pagados en productos de origen local y en productos de origen europeo como trigo, cebada, ovejas, gallinas, huevos, etc., y también en textiles, manufacturas de madera, cerámica, etc.

Comunidades

Una comunidad  es una unidad mínima de colección de impuestos y de reserva de mano de obra. Consiste en una concentración de aldeas, originalmente dispersas, para formar nuevas poblaciones destinadas a albergar entre 80 y 1,000 familias. A cada una de ellas y proporcionalmente al número de varones adultos, se le asigna una tasa anual de impuestos y trabajo.
Cada uno de los comunes fue también provisto con tierra y pastos que debían ser poseídos comunitariamente, mecanismos legales fueron previstos para mantener un equilibrio mínimo entre población y recursos.

La autoridad nacional y provincial o regional fue monopolizada por los españoles.
En segundo término, a nivel sub-provincial (repartimiento) se introdujo funcionarios ejecutivos nativos (caciques) y se les confió la recolección de impuestos y la organización de la mita. Estos caciques fueron dotados con especiales privilegios tales como la excepción  de impuestos y trabajos forzados, la posesión de tierras privadas, educación de tipo europeo, y empleo privado del trabajo indígena.

Sin embargo los caciques fueron impedidos de intervenir en la administración interna de la comunidad, a la que se le permitió conservar su autonomía en la medida necesaria para satisfacer los requerimientos económicos.

Las empobrecidas mesetas y laderas demandaban más trabajo, mientras amplias extensiones de las tierras comunales eran cultivadas con productos cuyo único propósito era el pago de tributos en especie europea. Para enfrentar simultáneamente las demandas exteriores y las necesidades de subsistencia, el campesino debió orientarse hacia los campos más ricos en los que una inversión menor proporcionaba mayores cosechas. Así, por la misma naturaleza del sistema, la comunidad resultó enfrentada a sus vecinos en una urgida competencia por limitadas cantidades de agua, campos irrigados y pastos.

La ausencia de instituciones indígenas que arbitraran las disputas intercomunales y la escasez de los bienes disputados amargaron las relaciones entre comunidad y comunidad previniendo toda cohesión contra la clase gobernante.
De este modo el repartimiento y la parroquia, en que las comunidades fueron unidas para la administración de los caciques y el adoctrinamiento del párroco, nunca pudieron alcanzar otra cosa que un débil, casi impuesto grado de integración.

Organización internas de las comunidades


Hasta tiempos muy recientes - y con frecuencia todavía hoy - los miembros de una comunidad han estado agrupados en sayas o barrios, ayllus, linajes o castas, y familias.
Las palabras empleadas para la designación de tales grupos han sido por un período muy largo una fuente inagotable de confusión.
Saya es una palabra que se refiere a particiones territoriales duales. De este modo, saya son las dos porciones de una provincia, las de un pueblo y las de un repartimiento o subprovincia.
Barrio, en su referente español original, implica demarcación territorial dentro de un pueblo, no importa si dual o múltiple. . Barrio puede ser dicho de cada una de las dos sayas, pero también de cualquiera de las más pequeñas subdivisiones de una población
Linaje y casta son términos que empleados por los conquistadores españoles como equivalentes significaron línea familiar. Cualquiera de estas palabras puede ser aplicada a niveles diversos.
 Ayllu significa en contextos diferentes: genealogía, linaje, grupo de parentesco, nación, género, especie o clase. El ayllu de un hombre es su familia extensa, pero también su linaje y probablemente su parentesco bilateral, los miembros de su comunidad, la gente de su provincia, etc.

El caso típico, claramente ilustrado por la mayor parte de las comunidades del Perú central es el de una neta distinción entre la comunidad como conjunto, las dos sayas cortando la comunidad en mitades, y luego cierto número de ayllus componiendo cada una de las sayas.
Los ayllus  ocupan porciones claramente limitadas de la población. Están compuestos de castas  y éstas, a su vez, de familias extensas.
La identificación de los miembros de una casta se hace por el empleo del apellido paterno. Está prohibido el matrimonio con miembros de la propia casta y también con los de la casta materna por las siguientes cuatro y, a veces cinco generaciones.

La tierra pertenece a la comunidad como conjunto y es anualmente reasignada a cada jefe de familia en proporción al número de sus dependientes, haciéndose en cada oportunidad asignaciones adicionales para satisfacer las necesidades de los recién casados.

Como las mujeres no heredan tierras, en caso de viudez deben devolver las parcelas de sus difuntos maridos para que sean reasignadas por la comunidad. Para el sustento de las viudas y los huérfanos, cada ayllu ha mantenido tradicionalmente parcelas comunales explotadas por trabajo colectivo.

El conjunto de estas relaciones son conocidas con el nombre de parentela. El conjunto de los miembros de un ayllu tienden a estar emparentados. La vecindad y el parentesco ficticio por compadrazgo refuerzan los vínculos dentro del contexto de la parentela.
Dentro de cada grupo familiar, los ancianos se convierten  en focos de extensos sistemas de relaciones que tienden a desarmarse luego de su muerte y que deben ser reforzados o reconstruidos en cada generación.
Los vínculos del parentesco son utilizados no solamente en crisis vitales tales como la muerte o la enfermedad sino, además, de modo periódico en el contexto ritual, y en la vida diaria dentro del contexto de las actividades económicas.

El ayni (es lo mismo que el Waje-waje) y la minka  son prácticas  fundamentales en la economía de las comunidades. Ameos términos designan obligaciones de intercambio de trabajo.
La primera de estas prácticas, el ayni  constituye un intercambio en base a la equivalencia de jornada-hombre por jornada-hombre, pero puede ser extendida a una más amplia área de asistencia mutua incluyendo el préstamo de herramientas, semillas y hasta dinero en efectivo. El ayni es practicado en el trabajo diario entre la más cercana parentela de un hombre y conduce a la formación de grupos relativamente estables que alternan su trabajo de parcela en parcela.
 La minka constituye una forma de cooperación colectiva otorgada a un individuo sin retribución económica. La minka opera con menor frecuencia. Moviliza extensos grupos de parientes para la construcción de una nueva casa o el laboreo de las tierras de un anciano o un inválido.

miércoles, 8 de junio de 2011

El Ayllu, núcleo de las sociedades andinas, por Guillermo Cock (Selección de Adrián Tendler)


El Ayllu en la sociedad andina. Guillermo Cock. 
En “Etnohistoria y antropología andina”  Museo  nacional de historia. Lima 1981
Editado por Adrián Tendler. 

Hace casi un siglo Heinrich Cunow publicó sus pioneros y precursores trabajos acerca del parentesco, la organización social y la comunidad entre los inca, en los que se vislumbraba la presencia del ayllu como uno de los problemas fundamentales para el conocimiento del mundo andino.
En la actualidad este interés se ha renovado por el acento puesto en el estudio de los denominados grupos étnicos incorporados al tawantinsuyu (Estado Inca), lo que ha permitido un acercamiento distinto a la problemática andina, en la que se ha reafirmado la importancia del ayllu como unidad social y núcleo de las relaciones sociales y de parentesco, políticas, económicas y religiosas.
Algunas de las dificultades más importantes con las que se han encontrado los investigadores y de las que provienen muchas de las confusiones que se tienen parten de la defectuosa identificación del ayllu como bando, linaje, mitad o parcialidad. Esto se percibe tanto en las crónicas coloniales como en los trabajos de campo realizados por antropólogos contemporáneos.
Una característica del ayllu es la de ser un elemento de cohesión social, al reunir a un grupo de personas bajo relaciones que pueden expresarse de manera ritual, económica, social, parental, etc. Esto es susceptible de ser comprobado en los diferentes aspectos de la vida cotidiana en los que encontramos en funcionamiento el ayllu.
1) Ayllu y cosmovisión
El análisis de la religiosidad andina es uno de los caminos que permiten comprender su  estructura social.
En la “Historia del nuevo mundo” del Jesuita Bernabé Cobo, escrita hacia 1620, encontramos una asociación entre la constelación de las 7 Cabrillas, es decir las “Pléyades” y el ayllu. El cronista nos dice: “…de aquella reunión que se hace de estrellas pequeñas llamadas vulgarmente las cabrillas, y de estos indios llamadas collca, afirmaban que salieron todos los iguales, por lo cual la llamaban madre y tenían todos los ayllus  y familias por guaca (espíritu) muy principal”
De este testimonio se pueden resaltar varios elementos:
  1. La asociación entre la constelación de estrellas y los Colca, que son depósitos o graneros.
  2. La representación de las estrellas como madres que proveen hijos a los ayllus y su adoración como guacas, es decir espíritus, muy importantes.
  3. La identificación de los miembros del ayllu como iguales, a lo que adjudican la conservación de su sociedad.
La relación con el concepto de Colca, o granero, puede estar referida a la idea del ayllu como proveedor de sustento y a los principios de solidaridad interna vinculados a la reciprocidad comunal que se ejerce en el interior del mismo.
La similitud entre las estrellas remite a la condición de pertenencia al ayllu, donde al margen de posibles diferencias, sus integrantes se consideran iguales por descender de un antepasado común.
Como madre de los ayllus, las estrellas proveen los hijos necesarios para la continuidad de la existencia de estas instituciones, lo cual permite la reproducción de la vida social y la continuidad del culto a los antepasados comunes.
2) Ayllu y principios de organización social
El ayllu es un principio de organización que a su vez depende de la división en mitades de las sociedades andinas, la más conocida de las cuales es la división en Hanan y Urin. Cada una de estas mitades está formada por una cantidad de ayllus.
Tomando las crónicas de los conquistadores y las investigaciones arqueológicas, podemos decir que una comunidad andina por lo general se divide en, las ya dichas Hanan y Urin.
A  su vez estas mitades pueden estar subdivididas en cuatro partes mayores llamadas por ejemplo Antamarca, Apcara, Omapacha y Huchucayllo  o en tres partes mayores llamadas Collana, Payán y Cayao. Estas tres partes se denominan también ayllus. Son los Ayllus más grandes o mayores.
Dentro de cada una de estas tres partes están los ayllus menores, que son los que se reconocen como pertenecientes a un mismo antepasado y tienen un mayor grado de unión entre sí.
Estos ayllus más pequeños y más unidos suponen una colaboración más estrecha en el trabajo y también prohibiciones matrimoniales, tiene la obligación de buscar pareja fuera de su grupo pero dentro del ayllu mayor.
Es decir que hay reglas matrimoniales que rigen el intercambio de mujeres por fuera del grupo más pequeño pero dentro del grupo mayor. Así se obtiene la unión en el Ayllu mayor.
Es decir que hay dos mitades, Hanan y Urin, las cuales a su vez de dividen por lo general en cuatro o tres Ayllus mayores. Finalmente dentro de estas subdivisiones, están los ayllus menores que son las unidades de parentesco y de mayor unión social.
Se piensa  que como consecuencia de la conquista española, a partir del siglo XVI, los Ayllus mayores se desarmaron más rápidamente. En cabio las estructuras más pequeñas de ayllus, pudieron adaptarse a las transformaciones del período colonial.
Esta capacidad se manifestó en la manera de responder a las exigencias de los españoles. Por ejemplo los cronistas cuentan que los Kurakas o caciques, ordenaban que los indígenas fueran a aprender la doctrina cristiana a las iglesias siguiendo el orden de los ayllus.
El ayllu se muestra de esta manera durante los períodos prehispánico y colonial como una institución que reúne, organiza y cohesiona a un grupo humano, integrándolo a las actividades sociales desde una posición comunitaria.
3) Ayllu y tributo
La organización de las responsabilidades en relación a los señores étnicos llamados kurakas y al estado inca o tawantinsuyu,  se realizaba durante la época prehispánica, siguiendo el orden de los ayllus. Cada uno de los pueblos o parcialidades (mitades Hanan-Urin), y los ayllus o linajes, pagaban en trabajo a su kuraka o al representante del Estado Inca, llamado Quipucamayo.
Este trabajo se pagaba de acuerdo a un orden ya establecido y a las posibilidades productivas de cada grupo.
Esta costumbre se conservó durante la colonia, ya que los tributos se distribuían entre los ayllus que pagaban a los kurakas. Estos kurakas a su vez lo entregaban a los “señores principales” quienes lo daban al “Corregidor” o al “Encomendero”, quien finalmente hacía llegar una parte al Estado español y otra se la quedaba para su provecho.
Al interior del ayllu, los individuos deben participar del tributo mediante el trabajo comunal, ya sea individualmente o por turnos grupales ( este sistema se llama MITA).
4) Ayllu y tenencia de la tierra
Las tierras del Ayllu formaban parte de una unidad que no se podía dividir y que era utilizable por todos sus miembros.
El mismo cura jesuita Cobo, nos informa que:  “…  uno que representaba siempre la persona del ayllu, como pariente mayor, tenía la tierra en su cabeza y dividía cada año entre los parientes, conforme a sus costumbres, de modo que todos  los miembros del ayllu gozasen de su fruto”
El testimonio del sacerdote vincula la administración de las tierras con la figura del Kuraka. Nos dice que el kuraka tenía las tierras en su cabeza, es decir que era el administrador de ellas.
El kuraka entregaba las tierras para su uso en forma temporal y rotativa, recibía un pago en cantidad de trabajo que los indios realizaban en sus tierras de las cuales obtenía sus productos.
La unión interna del ayllu y su sentido de comunidad están muy ligados a esta distribución de las tierras de manera rotativa y sin propiedad privada. De esta manera cada individuo comparte con los otros una diversidad de aspectos de la vida cotidiana.
Las relaciones igualitarias que se establecen entre los miembros del ayllu reciben el nombre de “RECIPROCIDAD”, en cambio la relación con el kuraka recibe el nombre de “REDISTRIBUCIÓN”.
En la época de la colonia y luego con la independencia cuando las tierras del ayllu sean privatizadas, esta organización social de los indígenas se verá muy perjudicada.
La posibilidad de tener tierras en propiedad privada significó la posibilidad de acumular riqueza y asi surgieron diferencias sociales entre los miembros de las comunidades originarias.

5) Ayllu y trabajo comunal
Otro sacerdote cristiano nos cuenta que para la construcción de la iglesia del Cuzco: “…júntanse por sus ayllus o parcialidades a traer la piedra a nuestra casa y vestidos como de fiesta y con sus plumajes y galas vienen todos cantando por medio de la ciudad…”
El trabajo comunal es la expresión de la solidaridad interna del ayllu y manifiesta la RECIPROCIDAD entre los miembros del grupo. La organización de una tarea que supera las posibilidades del ayllu no implica la mezcla de individuos de distintos ayllus, en este caso la tarea se reparte entre los distintos grupos.
El trabajo comunitario supone la recreación y el fortalecimiento de los vínculos entre los individuos, por eso es que acuden vestidos como de fiesta.
Con la invasión europea y la introducción del individualismo occidental, las comunidades perderán parcialmente esta forma de organizarse. En cada caso se dará una combinación de los dos tipos de trabajo, el comunal y el individual.
6) Ayllu y mitmaqkuna.
Los mitmaqkuna eran integrantes de la comunidad que estaban destinados a producir en zonas alejadas del territorio principal donde estaba establecido el ayllu.
Como la región andina tiene gran variedad de alturas y climas, entonces los pueblos se veían obligados a obtener diferentes productos en las distintas zonas que van desde la costa marítima hasta el altiplano a más de 4000ms sobre el nivel del mar.
Para lograr esto, las comunidades enviaban a algunos de sus habitantes a radicarse en las diversas zonas productivas.
Eran los kurakas de los ayllus mayores quienes regulaban el envío de estos grupos de personas a las zonas de producción. A su vez estos grupos entregaban lo producido al kuraka para que se encargara de la distribución entre los diferentes ayllus menores de la comunidad.
El turno que cada grupo de mitmaqkunas debía cumplir se llamaba MITA como cualquier otro trabajo en grupo de debía cumplirse para la comunidad.
Durante el período colonial, muchos de los mitayos (los individuos del os grupos que iban a otros territorios), no regresarán a sus tierras de origen convirtiéndose en forasteros y muchas veces formando ayllus de forasteros en los nuevos lugares de asentamiento.
7) Ayllu y muerte
La vinculación del individuo con su ayllu la vemos hasta el momento de su muerte y aún después de ella. El padre Cobo señala que: “…y muriendo….y saliendo el alma del cuerpo, lo tomaban los de su ayllu y parcialidad…”
El ayllu realizaba los ritos y ceremonias fúnebres con que el individuo transponía el “puente de cabellos” o Chachacaca a través del cual se dirigía al “Ayaimarca o Upaimarca”, lugar a donde iban los difuntos.
La quema de ropa del difunto, el lavado de la misma, las comidas que se le preparaban después de muerto, eran ceremonias en las que participaba todo el ayllu del occiso.

Texto seleccionado y editado por el profesor Adrián Tendler