sábado, 9 de julio de 2011

EL CONGRESO DE TUCUMÁN Y EL NACIMIENTO DE LA ARGENTINIDAD, por Jorge Bolívar (para "Diario24" de Tucumán, 09-07-11)


09 de Julio de 2011
“La argentinidad vivió tensionada por dos importantes alternativas geopolíticas: la patria grande o la patria chica”. Por Jorge Bolívar.


Joaquín González enseñaba en las primeras décadas del siglo XX que “el Congreso de Tucumán ha sido la asamblea más nacional, más argentina y más representativa y popular que haya existido jamás en nuestra historia”. Y cien años más tarde, con los valores propios de la época que vivimos, podemos afirmar que estos conceptos aún pueden mantenerse.

Tras la serie de revoluciones producidas en Sudamérica por la invasión napoleónica a España y la abdicación del Rey, en 1816, con la excepción del Virreinato del Río de la Plata, todos los antiguos Virreinatos habían vuelto a ser dominados por los españoles en el intento de reafirmación imperial producido por la reasunción en el trono de Fernando VII.

En varias ciudades, cabeceras virreinales, la restauración se había producido casi sin lucha, por las dudas organizativas e ideológicas que aquejaban a los patriotas.

Se procuraban nuevas condiciones de poder, pero la noción de una independencia definitiva seguía en juego.

Los líderes de la nueva patria, en los territorios que más tarde conformarían la Argentina, tenían también sus dilemas y vacilaciones. La época propiciaba grandes cambios, pero no era tan fácil ver -en ese momento- lo que hoy a nosotros nos parece claro y necesario.

Se estimaba que si se declaraba la independencia de España había que prepararse para la guerra, ya que el viejo imperio tenía todavía numerosas fuerzas militares en territorio sudamericano y estaban en viaje nuevas milicias para asegurar la dominación territorial.

Surgían, además, las dudas acerca de qué tipo de gobierno había que darle a los pueblos del sur y cuáles eran las fronteras más seguras para defender la vida y los intereses culturales y económicos de los pobladores.

Como había ocurrido en los otros virreinatos, la figura de algún rey de cierta manera ligado a los borbones, se ofrecía como una solución intermedia. Negociar la calidad e intensidad de la independencia era, reitero, un motivo de dudas y disputas.

Para José María Rosa la presión independentista sin concesiones, que sostenían San Martín, Belgrano, Güemes y Artigas tuvieron un peso decisivo para que los representes de las diversas provincias optaran por emitir una declaración de independencia plena y frontal, vedando -incluso- cualquier aventura que quisiera mantener la dependencia, pero cambiando de imperio.

Se impidió que las discusiones acerca del tipo de gobierno socavaran la unión de los representas de las Provincias Unidas.

Primero la Independencia. A partir de allí, la práctica gubernamental iría encontrando los modelos políticos más adecuados y más propios. Por el momento se confirmaba al representante de San Luis, Juan Martín de Pueyrredón, amigo de San Martín, como Director Supremo.

En el acta del Congreso, con su agregado final, los representantes declaran que era “voluntad unánime e indubitable de las Provincias Unidas del Sur romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de Nación libre e independiente del rey Fernando VII (..) y de toda otra dominación extranjera”.

José Luis Romero destaca el testimonio escrito del oficial sueco Jean Adam Graaner, que en ese año recorría los territorios del norte argentino.

El citado se asombra de la cantidad de gente que rodeaba las llanuras aledañas a Tucumán.

Criollos y descendientes de indios, negros y mulatos convivían entusiasmados. Se contaban, además, como espectadores del Congreso, cinco mil milicianos que llegaron montados a caballo, portando sables, fusiles y lanzas.

Al término de la ceremonia -cuenta Graaner- Belgrano arengó a ese pueblo. Sus palabras independentistas fueron recibidas con emoción y entusiasmo.

La declaración de independencia fue escrita en español y en quechua. Los delegados al Congreso del Alto Perú (Tarija y Charcas) la tradujeron al aymará en la Universidad de Chuquisaca, donde habían estudiado muchos patriotas, entre ellos Moreno y Castelli.

De allí salió la gobernación de Cuyo para San Martín, desde la cual se puso en marcha la emancipación definitiva de Chile y la del Perú y el encuentro con la línea libertadora que venía, al mando de Simón Bolívar, desde Venezuela, pasando por Colombia y Ecuador.

En 1824 el proceso de descolonización de la Sudamérica hispana había concluido, no sin grandes dificultades. En esos años comienza a advertirse la influencia de las nuevas ideas que venían de Europa, en particular de las del naciente Imperio inglés.

La argentinidad vivió tensionada por dos importantes alternativas geopolíticas: la patria grande o la patria chica.

Inglaterra fomentaba la creación de naciones más reducidas territorialmente, con una gran ciudad puerto para integrarlas con cierta docilidad al crecimiento del capitalismo, organizado, en el caso de Gran Bretaña, por el extenso dominio mundial de la “reina de los mares”.

La República del Uruguay, por ejemplo, fue la expresión máxima de esa lógica.

La otra idea, no sólo geopolítica sino también geocultural, fue la de la paulatina “conquista de los desiertos” desde la dominación portuaria y mercantil.

Irradiada desde Estados Unidos, esta noción de “desierto” no se refería a designar una región geográficamente árida y de vegetación escasa; tampoco humanamente a un territorio despoblado.

Este “desierto” nombraba la tierra en la que no existía “la civilización europea del hombre blanco”.

A pesar de que el Congreso de Tucumán -con el impulso de San Martín y Belgrano- fue un faro de afirmación emancipadora en una Sudamérica dominada por la restauración borbónica, la argentinidad naciente debió pasar las duras opciones geopolíticas y geoculturales que propiciarían los fenómenos de anarquía y las luchas entre federales y unitarios.

Las victorias del General Sucre en Ecuador y en el territorio boliviano empujan a éste a plantearse la organización de un nuevo estado nacional en el Alto Perú al que quiere denominar con el nombre de su admirado Bolívar.

Cuando lo consulta, el libertador le expresa su convicción de que sería importante mantener al Alto Perú ligado a la Argentina, ya que veía como un hecho positivo fundar los nuevos Estados emancipados sobre los territorios de los antiguos virreinatos y le pide que consulte con las autoridades de Buenos Aires; en ese momento histórico presididas por Rivadavia. Éste le hace notar diplomáticamente su desinterés por los territorios del Alto Perú y le aconseja organizar en principio un territorio relativamente chico y gobernable.

Cuando Sucre le trasmite esta novedad a Bolívar, el vencedor de Carabobo queda asombrado.

¿Al gobierno de las Provincias Unidas del Sur no le interesan las provincias de Tarija, Potosí y Chuquisaca -con su importante centro universitario en la ciudad de Charcas-? Le cuesta creerlo, porque Bolívar como San Martín, enseñaban que cuanto más territorio tuvieran las nuevas naciones, más potencialidad futura tendrían, contrariando la enseñanza inglesa de las naciones pequeñas con grandes centros portuarios.

Por ello no acepta el nombre de República Bolívar con la que quería llamarla Sucre y queda para esas tierras un nombre no tan personal: Bolivia.

Pero Rivadavia también comienza a utilizar la figura anglo-norteamericana de “desierto” que Sarmiento llevará a su cima, hiriendo de muerte -como dice Fermín Chávez- “al proyecto de la nación autoconsciente” alberdiano.

Obsérvese que todavía en nuestra historiografía académica se sigue llamando “conquista del desierto” a la realizada por los líderes del Proyecto del 80 sobre una de las llanuras más fértiles del mundo, poblada por los indios pampas, tehuelches y ranqueles.

Es una categoría demasiado foránea que merecería ser decodificada.

A pesar del notable impulso nacional del Congreso de Tucumán, la Argentina no pudo ser la Patria Grande, perdió el Alto Perú y la Banda Oriental del Uruguay. Pero tampoco fue la patria chica.

Con la expansión hacia la Patagonia se aseguró geopolíticamente ser uno de los territorios nacionales más grandes y variados en riquezas naturales del mundo.

El impulso nacional y popular que le dio el Congreso de Tucumán fue un antídoto que debilitó y, finalmente, venció a los variados intentos autonomistas interprovinciales.

En los días en los cuales conmemoramos nuestra independencia, convendría, en este mundo con nuevas potencias emergentes, reafirmar los núcleos nacionales, federales, y populares de la argentinidad, para enfrentar en mejores condiciones los grandes desafíos que las novedosas relaciones de poder mundial demandan, no sólo a nuestros conceptos geopolíticos, sino también a nuestras categorías geoculturales.

Jorge Bolívar

Publicado en :

9 DE JULIO : LAS MISMAS DUDAS, LOS MISMOS CONFLICTOS, por Adrián Corbella (para "Diario24" de Tucumán)

9 de Julio: las mismas dudas, los mismos conflictos



 09 de Julio de 2011
“En 2011, como en 1816, estamos una vez más frente a grandes discusiones, frente a dos modelos de país”. Por Adrián Carlos Corbella.

IMÁGENES
INFORMACIÓN RELACIONADA
El 9 de julio de 1816 los representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata se reunieron en Tucumán y declararon, después de más de seis años de dilaciones, la independencia de estas provincias.
La decisión se había demorado mucho, demasiado.
Fernando VII ya gobernaba en Madrid desde hacía meses, y aquí ni lo obedecíamos ni nos separábamos oficialmente de su reino.
En 1816, la revolución hispanoamericana estaba en retroceso en Venezuela, en Colombia, en Chile, un poco en todos lados.
Aquí, en el Río de la Plata, la declaración resultaba tardía. Las divisiones eran profundas, y de hecho las provincias del Litoral, ganadas por las ideas democráticas y republicanas de los federales, no enviaron representantes.
Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, la Banda Oriental y Córdoba habían participado en junio de 1815, en la actual ciudad entrerriana de Concepción de Uruguay, del llamado “Congreso de los Pueblos Libres”, por iniciativa de Artigas ; allí se había proclamado la independencia de esas provincias respecto a España y sus reyes.
Un año después, en Tucumán, y sin representantes del Litoral (pero sí de Córdoba), las discusiones fueron mayúsculas.
Algunos, como Belgrano y San Martín, plantearon la necesidad de americanizar el proceso rioplatense impulsando una monarquía con un soberano de sangre indígena, como una forma de comprometer en el proceso independentista a las grandes masas de origen claramente americano, originario, del Alto Perú y de muchas zonas de la actual Argentina.
De hecho, en Tucumán, había representantes de algunas provincias del “Alto Perú” (lo que hoy llamamos Bolivia), entre ellos José Mariano Serrano, quien luego fuera presidente interino de Bolivia en dos oportunidades.
Finalmente, el proyecto monárquico neo-inca se rechazó , pero en la declaración de independencia del 9 de julio de 1816 se dejó clara constancia de que nos independizábamos “del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli.”.
Mencionar a los sucesores del rey no fue casual : en muchas mentes todavía estaba presente la idea de coronar en el Río de la Plata a un príncipe de la Casa de Borbón, proyecto que para hombres como Belgrano y San Martín era inaceptable.
Evidentemente, detrás de estas disputas, estaban también las dos concepciones político-sociales que se enfrentaron en el siglo XIX : una liberal “aristocrática”, elitista, que conduciría a la postre a las estrategias represivas de la “Organización Nacional” y su corolario, el Régimen Oligárquico, y otra que quizás tenía una mayor diversidad ideológica, y a veces ciertas indefiniciones; esta estaba representada por hombres como Moreno, Artigas, San Martín , Belgrano o Dorrego, todos partidarios de la completa igualdad de todas las personas, independientemente de su riqueza, nivel educativo o del color de su piel. Estas ideas, actualizadas, renacerían en el siglo XX en grandes movimientos populares y democráticos, como el yrigoyenismo y el peronismo.
Los argentinos tenemos cierta tendencia a escribir la historia en círculos, a dar vueltas y volver siempre sobre nuestros pasos, retornando al lugar de partida. Eso se ve claramente en nuestra realidad actual, porque, bien mirado, este 9 de julio de 2011 no será tan distinto al de 1816. Seguimos discutiendo los mismos temas. Seguimos teniendo las mismas dudas.
Cuando disentimos acerca de nuestra alineación internacional, sigue habiendo quienes miran a nuestros compatriotas de América Latina. Pero tampoco nunca faltan los que ponen su norte en el Imperio de turno.
Cuando discutimos un modelo social y político siguen estando los que generan una estrategia inclusiva, integradora, igualadora, es decir, profundamente democrática. Y siguen existiendo también los que pretenden un país para pocos, un país que mire su ombligo y le dé la espalda a la Patria Grande latinoamericana con la que soñaron figuras como San Martín, Bolívar o Belgrano.
Quizás el gran drama de los argentinos sean nuestros eternos empates. Nuestra incapacidad para fijar un rumbo y sostenerlo durante la cantidad necesaria de años como para marcar diferencias, como para romper tendencias, como para dar vuelta algunas páginas y poder pensar en nuevos objetivos . Avanzamos unos años en una dirección, y luego desandamos el camino . Y de vuelta a empezar unos años después.
En 2011, como en 1816, estamos una vez más frente a grandes discusiones, frente a dos modelos de país.
La historia no siempre es lineal. A veces, frente a nosotros se encuentra el futuro. Pero, muchas veces, cuando no aprendemos de viejos errores, lo que nos espera no es otra cosa que una reedición del pasado.
Posiblemente esta vez logremos avanzar en una dirección definida el tiempo suficiente como para resolver viejas antinomias, construir un nuevo paradigma, y pensar en nuevos desafíos.

Adrián Carlos Corbella

Publicado en :

miércoles, 6 de julio de 2011

LA GUERRA DE SECESIÓN PERMITIÓ A EEUU CONVERTIRSE EN POTENCIA MUNDIAL , por Vlad Grinquévich (para "Redacción Popular").

Arte conceptual
    Arriba : Abraham Lincoln y Jefferson Davies, líderes de las dos repúblicas norteamericanas enfrentadas.                    
por Vlad Grinquévich, Agencia RIA Novosti
Fuente Agencia Rebanadas de Realidad - RIA Novosti, 14/04/11.- Hace 150 años, el 12 abril de 1861, en Estados Unidos estalló una guerra civil que enfrentó a las fuerzas del Norte industrial (la Unión) con el Sur agrario y esclavista (Estados Confederados).

La victoria de los Estados del Norte en 1865 condujo a que los estados sureños dejaran de ser sólo productores de materias primas. Pero eso no fue el mayor éxito de la segunda revolución norteamericana.
La reconstrucción del Sur, la abolición de la esclavitud que reconoció a los negros todos los derechos civiles fueron acontecimientos importantes pero relegados a un segundo plano.
Lo principal fue que la guerra civil estadounidense marcó el inicio para la formación de la nueva potencia hegemónica del mundo.
La cola del Imperio
Al librar la querra, ni los soldados de la Unión ni los confederados pudieron imaginar que las consecuencias de ese conflicto serían tan globales. Los motivos que tuvieron para combatir fueron mucho más simples. Los sureños esclavistas querían continuar con su estilo de vida y los partidarios del entonces presidente de EEUU, Abraham Lincoln, en el Norte pelearon para impedir la desintegración del país.
El esclavismo del Sur puede calificarse como un anacronismo, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Estados Unidos atravesaba un auge de su industria, el capitalismo y las democracia, las vastas plantaciones en las que trabajaban multitudes de esclavos africanos, era como tener una astilla en el ojo.
Pero en realidad, la economía de las plantaciones coloniales no eran un fantasma de la sociedad agraria, sino la base de la sociedad industrial. Hasta las últimas décadas del siglo XIX, cuando finalizó la revocución industrial, la esclavitud y el capitalismo se complementaron el uno a otro.
Hasta las finales del siglo XIX, Gran Bretaña fue el líder económico del mundo y para mantener ese liderazgo necesitó mucho, ante todo, materias primas baratas, pues en caso contrario, la producción industrial nunca sería competitiva.
El añil y el caucho de la India y el sureste de Asia, el algodón, azúcar y tabaco del Sur de EEUU, la madera y los cereales de Rusia movieron las hélices de la industria británica.
Durante la revolución industrial, la única posibilidad de reducir los costos de producción primitiva de las colonias subdesarrolladas era obligar a los trabajadores a trabajar gratis.
No hay nada sorprendente en que los industriales británicos hayan invertido más que otros en las plantaciones de EEUU e incluso conservaron el control de esas plantaciones cuando las colonias adquirieron la independencia.
Líder nacido bajo la esclavitud
El colonialismo británico produjo la división norte-sur en EEUU e involuntariamente dio origen al nuevo líder mundial. Para la región industrial del Norte estadounidense los Estados del Sur pasaron a desempeñar el mismo papel que jugaron las colonias británicas para Gran Bretaña.
Durante muchos años, el Sur suministró materias primas para la industria de EEUU y mantenía una demanda estable de la producción industrial.
Todo lo que se utilizaba en el Sur era fabricado en el Norte, desde los juguetes y ropa de cama hasta la vajilla y las herramientas.
Esto convenía a los norteños que integraban la mayor parte del gobierno de EEUU aunque provocaba disgusto a los sureños que preferirían desarrollar un comercio libre con todo el mundo.
Pero las autoridades estadounidenses restringieron el intercambio comercial mediante la rígida política fiscal para apoyar la producción nacional.
En su época, Gran Bretaña defendió su capital comercial del mismo modo. Inglaterra adoptó Acto de la navegación adoptado en 1651, que prohibía la entrada a Inglaterra de cualquier tipo de mercancías provenientes de EEUU, Asia, África y Rusia en barcos extranjeros.
En la segunda mitad del siglo XIX, surgieron contradicciones en las relaciones entre capitalismo y esclavismo. La revolución industrial tuvo su impacto en la agricultura. Los industriales decidieron vender al Sur no sólo las mercancías sino también maquinaria agrícola.
Pero los propietarios de las plantaciones no necesitaban maquinaria, sino los granjeros. Los latifundistas tenían a los esclavos en su disposición, y la maquinaria podía cambiar el sistema económico y el modo de vida de todos.
Esto molestó a lo sureños. Pero el lobby de los industriales del Norte fue más fuerte que de los latifundistas del Sur, y al ocupar el sillón presidencialen 1860, Abraham Lincoln anunció que todas las nuevas zonas de EEUU iban a convertirse en territorios libres de esclavitud.
Guerra sin oportunidades de ganar
En 1861, once estados del Sur proclamaron su independencia y formaron la Confederación. Esto conllevó a una guerra en la que ninguna de las partes no tuvo oportunidades de ganar. Esto es evidente hoy en día, pero en aquella época muchos estaban convencidos en lo contrario.
Los confederados poseían la superioridad. Los mejores arsenales y almacenes militares, las mejores unidades en cuanto a la capacidad combativa y la mayor parte de los oficiales fueron reclutados en el Sur.
Además, al estallar la guerra, una tercera parte de los oficiales de la Unión dimitieron para adherirse al Ejército de los confederados que al inicio tuvo más suerte.
Pero un país sin industria no puede combatir durante mucho tiempo porque es incapaz de satisfacer la demanda de armamento y pertrechos como tampoco restablecer la infraestructura destruida.
Teniendo esto en cuenta, los norteños hicieron todo lo posible para aislar al Sur del mundo exterior.
La potente Inglaterra intentó romper el bloqueo y ayudar a sus ex colonias, porque entendía que en el momento cuanto el Norte y el Sur de EEUU se unieran, se pondría fin al liderazgo británico. Y eso fue precisamente lo que ocurrió.
No es verdad que las dimensiones no tienen importancia. Cuando los capitales y la industria desarrollada se unen con las fuentes de materias primas y enormes recursos laborales, nadie puede competir contra este monstruo.
La China contemporánea es un buen ejemplo. El Imperio Celeste sigue el camino por el que hace unos 20 años pasaron otros países asiáticos, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Taiwán, Corea del Sur. El Occidente eligió a los Estados del Sudeste Asiático como fábricas mundiales por su mano de obra barata.
En la década de los 80 del siglo pasado, le tocó el turno a China, pero el Occidente no tomó en consideración las dimensiones de este país.
El Occidente empezó a perder el control sobre China con sus enormes recursos laborales, capitales y posibilidades del lobby. La situación parece a la que hace tiempo ocurrió en EEUU.
Es posible que, pasado un siglo y medio, la historia vuelva a repetirse.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

Publicado en :

 Artículo seleccionado por Adrián Corbella
Arte Conceptual elaborado por el profesor Adrián Tendler
                                            

lunes, 4 de julio de 2011

ARTIGAS, por Hernán Brienza (para agoramelembro.blogspot.com)

La anécdota la conocí en la Facultad de Ciencias Sociales, en una de esas aulas empapeladas de carteles con siglas de grupos de izquierda impronunciables, una profesora de cadencia arrabalera la narró no sin cierto don histriónico. El protagonista es Giuseppe Garibaldi, el héroe romántico nacido en la Niza italiana del siglo XIX, aquel que con sus mil camisas rojas invadió la península a través de Sicilia, le dio su merecido al Vaticano y le ofreció a Vittorio Emanuele II, soberano de la Casa de Saboya, el territorio unificado de Italia. Contaba mi profesora que en una engalanada fiesta de la Corte, después de firmado el Tratado de Turín, entre la casa de Saboya y Francia, por el cual la Niza italiana se convirtió en la Nice francesa, Garibaldi, que tenía más de bersagliere que de cavaliere, les escupió en la cara al rey y a su ministro Cavour: “¡Traidores, yo les construí una nación y ustedes me dejaron sin patria!”. Tenía razón: él, que había llevado adelante la campaña militar de la unificación italiana, ya no era italiano sino francés, porque la Corona había entregado a Francia la ciudad donde él había nacido. Había sido convertido por el desdeñoso rasgueo de una pluma sobre un papel en un apátrida.

En nuestras tierras también tenemos un apátrida célebre. Un rioplatense que ayudó a liberar a su patria y fue despojado de ella. Su nombre es José Gervasio de Artigas y fue, quizás, el revolucionario y demócrata más profundo de los próceres argentinos. Porque, mal que les pese a orientales y occidentales, Artigas fue un argentino hasta el último día de su vida. Y, como ocurrió con Garibaldi, también se quedó sin patria.

La primera marca argentina de Artigas figura en el Plan Revolucionario de Operaciones, de Mariano Moreno, quien, en su capítulo dedicado a la Banda Oriental, recomienda entrar en tratativas con el capitán de blandengues José de Artigas. Pero es el propio jefe oriental el que con su acción política demostró su voluntad por mantener su argentinidad. Entre los años 1810 y 1820 participó política y militarmente dentro del territorio de las por entonces Provincias Unidas, y su protectorado de los pueblos libres abarcó la Banda Oriental, la Mesopotamia, Santa Fe y Córdoba. Su proclama de Mercedes, el 11 de abril de 1811, reconoció la regencia de la Junta de Buenos Aires, y encabezó el éxodo oriental hasta tierras occidentales. Además, la versión original del himno argentino celebraba las victorias de San José y Piedras, libradas bajo la comandancia de Artigas en suelo oriental. En 1812 estableció que la Provincia Oriental formara parte indisoluble de las Provincias Unidas y envió sus diputados a la Asamblea del año XIII con instrucciones precisas: independencia, federalismo, libertad civil y religiosa, forma republicana de gobierno, ubicación del gobierno federal fuera de Buenos Aires. Sus exigencias fueron demasiado para los políticos porteños, que deseaban un maniobrable país-maceta con ellos a la cabeza. Artigas, entonces, se convirtió en enemigo acérrimo de los directoriales –posteriormente unitarios– que hicieron lo posible, lo imposible y lo aberrante para sacarse de encima al líder oriental. Es decir, intentaron sobornarlo con la independencia del Uruguay, pero Artigas se negó dos veces. Finalmente, el director supremo, Juan Martín de Pueyrredón, pactó con los portugueses la entrega de la provincia a cambio de que le sacaran de encima a Artigas.

El líder de los orientales continuó con su derrotero hasta que vencido por el, al menos, irresponsable caudillo entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez, se exilió en el Paraguay. Cuando Uruguay se independizó, Artigas exclamó: “Yo ya no tengo Patria”. Y tenía razón: Su patria, las Provincias Unidas del Río de la Plata, había expulsado a la provincia donde él había nacido. Artigas se había convertido en un apátrida que añoraba una nación que ya no existía: la gran federación americana. Antes de morir, en septiembre de 1850, apenas un mes después que José de San Martín, encabezó su testamento: “Yo, José Gervasio de Artigas, argentino, de la Banda Oriental…”. Como en los melodramáticos versos de Carlos Guido y Spano, Artigas había sido “argentino hasta la muerte”.

Hay, en el exilio de Artigas, una fuerza metafórica que alumbra una verdad poética. Quizá, el líder de los orientales haya sido el desterrado perfecto: es un exilado que añora una patria que no existe. Y quizá, de alguna manera, todos los habitantes de las provincias de la Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay formemos parte del mismo ostracismo. Tal vez todos hayamos quedado cautivos en esa imposibilidad de retorno, en esa melancólica certeza de saber que nuestros paisitos son más pequeños y mezquinos que el quimérico desvarío de José Gervasio de Artigas.

Publicado en :

Material Seleccionado por el Profesor Adrián Corbella

sábado, 25 de junio de 2011

La esclavitud en américa

Fals Borda. Historia doble de la costa. Tomo I.

(Selección de Adrián Tendler)


Cuando la mano de obra indígena se volvió escasa debido a los maltratos, el trabajo insoportable y las enfermedades, los españoles recurrieron a la esclavitud de las poblaciones africanas. Este era un negocio que dejaba grandes ganancias a empresarios negreros españoles, portugueses, franceses, holandeses e ingleses.
Este extracto del libro del sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, cuenta un episodio de rebelión de los esclavos que trabajaban en las tierras de los señores españoles en la zona del Atlántico Colombiano, donde están las ciudades de Barranquilla o Cartagena por ejemplo. Es una zona de grandes ríos como el Cauca o el Magdalena y toda la cultura se desarrolla en relación a estas vías navegables que conectan las diversas producciones. Un ejemplo son las balsas que pesaban hasta 10 toneladas y que los esclavos debían transportar a remo, en largas jornadas de un esfuerzo insoportable.
Pero los esclavos fueron capaces de rebelarse y huir organizando Palenques, pueblos gobernados por ellos mismos donde recuperaban su libertad y su cultura y desde los cuales resistieron la explotación de los españoles.

Bioho, el Rey del Arcabuco

Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador
español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre. Pero la principal fuerza de trabajo, aquella que producía la riqueza, no fue aportada sólo por ellos, sino también por los esclavos negros.
En efecto, en la costa atlántica el derrumbe indígena fue de tal rapidez y proporciones que los explotadores españoles como dijimos antes, empezaron a sufrir muy pronto en sus transportes fluviales y terrestres, agricultura, minas y servicios, por falta de indios. Ahora, ya a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, se necesitaba de alguien que reemplazara al indígena.
Así se intensificó la cacería de negros en el África para traerlos en navios a Cartagena como esclavos, gracias a contratos (asientos) autorizados por los reyes de España

Un asiento de 1596 tuvo un efecto similar al de una bomba de tiempo: provocó la traída de Benkos-Bioho, el primer gran
dirigente negro costeño con quien se inicia el cimarronismo, la tradición del negro esclavo que ha huido de sus amos y se ha establecido libremente en lugares escabrosos. En efecto, el navio de un asentista portugués (probablemente Pedro Gómez Reynel) se acercó durante el curso de aquel año a las costas de Guinea, en el África occidental. Sus tripulantes armados procedieron a cazar negros con redes y trampas, para llevarlos, encadenados, a las sentinas del navio en el nefasto puerto de Elmina.
Allí fueron colocados, el uno al lado del otro, para rellenar según la estatura, hasta completar 237. Aunque este número no importa. Lo que contaba era el peso en toneladas: tres negros sanos y robustos, llamados "piezas", hacían una tonelada; los otros, llamados muleques, macarrones y bambos, completaban "piezas" para llegar a la tonelada. En esta forma
serán vendidos al llegar a Cartagena, uno de los principales puertos esclavistas del continente, al culminar un horrible viaje de cuatro meses en el que morirá la tercera parte de los desgraciados pasajeros.
Benkos-Bioho, rebautizado Domingo, fue comprado, según la tradición, por el capitán español Alonso del Campo, vecino de Cartagena. Era un joven "belicoso y valiente, que con sus embustes y encantos se llevaba tras de sí a todas las naciones de Guinea", decía el español don García Girón en 1621. No duró con don Alonso mucho tiempo; Domingo Bioho huyó con varios compañeros, sosteniendo que "no pueden ser esclavos por no haber sido ganados en guerra", y así se convirtieron en "cimarrones", esto es, en gente suelta, oculta o montaraz. Tuvieron mala suerte: fueron apresados y enviados a galeras como castigo, es decir, a remar encadenados en las galeotas del mar Caribe.

En 1599, Bioho reapareció en poder de otro español, don Juan Gómez, quien quizás lo redimió de aquella condena.
Cimarroneó nuevamente y con mejor éxito al año siguiente, está vez con su mujer Wiva y orros esclavos de un tal Juan de Palacios, y se refugió en un sitio cenagoso y escondido frente al mar, llamado Matuna. Allí construyó, hacia 1600, el primer palenque libre: palenque, porque se hizo con una gran estacada de madera, fosos, púas envenenadas, y trampas con huecos disimulados en los caminos que a él conducían. Como tal, se convirtió en modelo defensivo para todos los palenques de cimarrones que le siguieron, que fueron muchos y que se extendieron por todo el país, con base en la explotación comunitaria de la tierra. [B]
La noticia de la existencia del refugio de Matuna se regó como pólvora sobre la gente esclava de Cartagena y de las
haciendas cercanas, población calculada en unos 20.000 en 1621. Los negros empezaron a huir en mayor número para
acogerse al santuario cimarrón; otros se quedaron donde habitaban, pero actuando como espías en apoyo de Bioho.
El palenque de Matuna creció a tal punto que debió darse una organización social y política formal: Bioho fue proclamado
"rey del arcabuco" y la gente eligió en cabildo a sus propias autoridades según mérito y servicio. Esras formas de organización se copiaron en los palenques que fueron surgiendo después, especialmente en la zona de Loba y por Mompox, fuerte militar convertido en villa, que se desarrollaba rápidamente
como puerto y como el segundo gran reducto de la esclavitud colonial, después de Cartagena.

En efecto, los negros fugitivos de la zona de Loba y depresión momposina se habían organizado también en palenques de
agricultores y mineros. Allí se hicieron fuertes. Luego de derrotar sucesivas expediciones enviadas contra ellos por Jerónimo de Suazo y Casasola, gobernador de Cartagena, los cimarrones se fueron sintiendo tan poderosos que, en 1602,
concibieron un ataque concertado contra Mompox para soltar a los esclavos de allí, retornar todos a Cartagena, tomarse esa ciudad y seguir a Panamá, donde les esperarían varios centenares de negros que se alzarían también en armas, en un movimiento coordinado para crear el primer estado autónomo del Caribe, libre de España. Este lejano ideal no vino a realizarse sino en Haití, contra Francia, doscientos años más tarde.
Tan descomunal esfuerzo de autonomía popular llegó, por supuesto, a oídos de los españoles. En Panamá, el gobernador
Alonso Sotomayor, anticipándose al golpe, masacró a los esclavos de su distrito. De Mompox salieron las primeras
grandes expediciones punitivas hacia Loba y los ríos San Jorge yCauca.

En Cartagena, mientras tanto, el gobernador Suazo convocó a junta general en febrero de 1603, la cual decidió atacar la
cabeza del movimiento: Matuna. Se enviaron 250 soldados contra el gran palenque y su ' ' r e y " Bioho, a órdenes del capitán Luis Polo del Águila, todo pagado con contribuciones de los dueños de esclavos. La fuerza española llegó al palenque, medio lo destruyó, y regresó con algunos prisioneros y cabezas de negros, ahumadas para que se conservaran, con el fin de colocarlas en jaulas de hierro en la Plaza de los Negros, en Cartagena, como tétrico escarmiento para los esclavos que seguían en la ciudad. No lograron capturar a Bioho.
A pesar de estos ataques, los cimarrones no se rindieron, Al contrario: acelerando su acción, empezaron a hacer audaces
incursiones por el fuerte de Tenerife y más cerca de Mompox, y atacaron en 1605 al pueblo indio de Jegua; salieron también por el mar Caribe en grandes canoas para sitiar a Barú y Tolú. No había más remedio: en noviembre del mismo año el gobernador de Cartagena hubo de tendirse ante los negros, porque éstos, prácticamente, tenían ya el dominio de toda la zona del Canal del Dique, incluyendo un trayecto importante del camino real al río Magdalena. Se habían tomado el pueblo de indios de Turbana, más al norte, para evitar que los indígenas salieran en guerra contra los negros, obligados por sus encomenderos, que también eran esclavistas. Y Bioho había tenido el atrevimiento de presentarse armado de daga dorada en Cartagena, defendido por su propia guardia de negros con rostros pintados de tierra colorada y blanca, y de pasearse impunemente bajo las propias barbas del gobernador.
Por el acuerdo hecho, el humillado gobernador Suazo aceptó que los cimarrones siguieran libres, y respetó la existencia de
Matuna —y por extensión la de otros palenques— con la condición de que "no recibieran más negros huidos". No le
quedaba otro recurso al gobernador, porque en realidad se le habían agotado las municiones y las ganas de pelear, y los
dueños de esclavos y haciendas no querían pagarle más contribuciones de guerra.

La "paz" que siguió fue muy frágil. Los españoles no cejaron en tratar de matar al "rey del arcabuco" y destruir los
muchos palenques nuevos que fueron surgiendo en Tierradentro (hoy departamento del Arlántico), en la depresión momposina y en las vegas de los ríos San Jorge y Cauca. Trataron en cierta ocasión de envenenar al "rey" con tabaco molido con arsénico y botijas de vino emponzoñado. Pero sólo la traición abatió a Bioho. En una noche de descuido, en 1621 (el cronista Simón dice que en 1619), al acercarse a la Puerta del Predio, en Cartagena, Bioho fue sorprendido por la guardia de la muralla.
Sus compañeros fueron muertos y a él se le puso preso. No fue difícil convencer al gobernador de entonces, don García Girón, de que le ahorcase. Así se ejecutó, el 16 de marzo de 1621.

Evo Morales. Discurso en Naciones Unidas


Discurso del Presidente de Bolivia Evo Morales Ayma ante el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Nueva York, 21 de abril de 2008


Editado por Adrián Tendler

 Y al ver algunos hermanos líderes indígenas de Latinoamérica, de Sudamérica, muy fortalecido por su presencia, tenemos muchos recuerdos con muchos de ustedes, o con algunos, por ejemplo, en la Campaña de los 500 años de Resistencia Indígena Popular.
Estoy seguro que en muchos países, en muchas regiones, ha habido mucha resistencia, con la conciencia de cada uno de los hermanos, de las organizaciones, que a veces desde la comunidad, desde la capitanía, desde las mismas estancias, nos organizamos para defender la tierra, para defender los servicios básicos, y eso nos obliga a pensar mejor sobre el derecho de los pueblos indígenas.

 Después de que se organizaron este Foro Permanente en las Naciones Unidas, como también otras instancias de organismos internacionales, pues ahora aprovechando estos espacios, los modelos económicos vigentes pueden entender a los modelos económicos de evidencia en los pueblos indígenas del mundo.

 Y si hablamos del movimiento indígena relacionado al tema ecológico, al tema del medio ambiente, últimamente llamado el cambio climático, yo siento que somos los pueblos indígenas los que tenemos moral y ética para hablar del medio ambiente.
 Yo venía a expresar la forma de cómo recuperar la vivencia de nuestros pueblos llamado el Vivir Bien, nuestra visión sobre la madre tierra, porque para el movimiento indígena la tierra es nuestra vida, y no es posible que un modelo capitalista convierta en una mercancía a la madre tierra
 Y por eso yo traigo algunas reflexiones para compartir con ustedes, para debatir, no solamente a este nivel sino también debatir con nuestras comunidades, con nuestras organizaciones de base.
Y dentro ese marco vengo a compartir y proponer para un debate unos 10 mandamientos para salvar al planeta, a la humanidad y a la vida.

 Primero, si queremos salvar al planeta tierra para salvar la vida y a la humanidad, estamos en la obligación acabar con el sistema capitalista (....) siento que es importante  acabar con la explotación a los seres humanos, cómo acabar con el saqueo de los recursos naturales, cómo acabar con las guerras destructivas para conquistar materia prima o el mercado, el despilfarro de energía, especialmente fósil, el consumo excesivo de bienes, la acumulación de basura.

El cuarto punto está orientado a un tema, el tema del agua, el agua como un derecho humano y de todos los seres vivientes de este planeta
Y no es posible que hayan políticas que permitan sólo privatizar el agua

No se puede entender cómo algunos movimientos pueden usar la tierra para chatarras y no para la vida humana, siento que es nuestra obligación como movimiento indígena crear una conciencia en nuestras naciones, para que la tierra beneficie a los seres humanos, a los seres vivientes, y que la tierra no sea usada para las chatarras.
Por ejemplo en mi país, el trigo va subiendo de precio, por tanto el pan va subiendo, y es un problema internacional, no solamente un problema de un país.

Como sexto punto: el respeto a la Madre Tierra. Yo creo allí, repito nuevamente, ningún sector, ningún experto, ningún especialista puede debatir con los dirigentes indígenas sobre el respeto a la Madre Tierra.

¿Quién podría privatizar o alquilar, fletar a su madre? Por eso, la tierra no puede ser entendida como una mercancía. Lamentablemente, el sistema capitalista nos trae y convierte, espero no equivocarme, a la Madre Tierra como una materia prima, por tanto como una mercancía, y cambiar esa mentalidad siento que va a costar.

 Yo sigo convencido que en el tema de tierra y con nuestra forma de vivir en colectividad, en comunidad, seguimos siendo como pueblos indígenas la forma de cómo mostrar una alternativa a esos modelos dominantes, a esos sistemas económicos vigentes, con sus políticas de privatización, ojalá podamos avanzar.

 Algunos me dicen, Presidente, Evo, estás hablando en vano, eso no se puede cambiar. Pero, quiero decirles que soy optimista, porque hay tantas formas de vivir en comunidad, en colectividad. Donde yo nací por ejemplo, no hay propiedad privada todavía, no hay propiedad individual. Hay una propiedad comunal, hay una zona ganadera, una zona agrícola. Ojalá la privatización no llegue, y saben los hermanos, acá esa forma de vivir en comunidad, en colectividad.
Además  la mejor forma de buscar la igualdad en tema de tierra es la unidad, es la organización. La mejor forma de cómo hacer respetar esas tierras comunitarias, colectivas, esa forma de recuperar las tierras, es la unidad y la organización.

 Yo diría el mejor título, la mejor documentación que podemos tener para poseer tierra es nuestra organización, hermanas y hermanos.

 Como octavo punto, consumir lo necesario, priorizar lo que producimos y consumimos localmente, acabar con el consumismo, el derroche y el lujo. No se puede entender que algunas familias sólo busquen lujos a cambio de que millones y millones no tengan posibilidades de vivir bien. Millones mueren de hambre cada año mientras millones de dólares se gastan para combatir la obesidad del otro polo de la sociedad.
 La crisis alimentaria va a acabar con el libre mercado, porque no es aceptable que se exporte afuera cuando la población tiene hambre adentro de los países.

Como penúltimo punto para el debate, noveno: promover la diversidad de culturas y economías. Somos tan diversos, aunque el movimiento indígena siempre fue excluido, estamos apostando a esa llamada unidad en la diversidad, un estado plurinacional donde todos están al interior de este estado plurinacional, blancos, morenos, negros, todas y todos.
Quiero explicarles brevemente lo que existe en Bolivia, que finalmente todos somos originarios. Algunos somos originarios milenarios, que somos muchos, y algunos somos originarios contemporáneos: pocos, están los originarios milenarios que son muchos: muy pobres, y los originarios contemporáneos: pocos, muy ricos, esa es la desigualdad.

 Y con una nueva Constitución Política del Estado boliviano queremos que haya igualdad entre los originarios milenarios y los originarios contemporáneos. De esta manera pues, vivir en esa unidad respetando nuestra diversidad, no solamente diversidad fisonómica, también diversidad económica, economías manejadas por las asociaciones, por las cooperativas, respetando la propiedad privada. Vamos a respetar.

Hermanas y hermanos, para terminar, como décimo punto, lo que nos planteamos, que no es ninguna novedad, el Vivir Bien. Sólo tratamos de recuperar de la vivencia de nuestros antepasados, vivir bien, no vivir mejor a costa del otro, construir un socialismo comunitario en armonía con la Madre Tierra. Permanentemente se habla del socialismo, comparto perfectamente, pero siento que hay que mejorar ese socialismo.

 Socialismo no es solamente entender la defensa al hombre. Socialismo sobre todo es entender que es una obligación de los pueblos vivir en armonía con la Madre Tierra, respetar las formas de vivencia de la comunidad, de la colectividad
 Hermanas y hermanos, aquí hay dos caminos, o seguimos por el camino del capitalismo y la muerte, o avanzamos por el camino indígena de la armonía con la naturaleza y la vida, todo para salvar a la humanidad.

 Hermanas y hermanos, ustedes saben día que pasa es una nueva lección para mí, pero vengo sobre todo a saludarles a los hermanos de México, de Guatemala, de Ecuador, que vemos por aquí, antiguos compañeros de Perú con los que hemos estado en permanente movilización, y siento que hay que seguir aún todavía movilizados con más fuerza, con mayor unidad.
 Hermanas y hermanos, muchas gracias por invitarme a este evento, muy contento nuevamente de haber tenido un encuentro con ustedes en este gran evento internacional, muchas gracias.
Pueblos andinos. Comunidad Aymara.

Cuestionario discurso Presidente Evo Morales.

1)      ¿Dónde dió el discurso y a quien se dirigía?
2)      ¿Qué actores sociales aparecen en el debate?
3)      ¿Qué problemas plantea el presidente de Bolivia?
4)      Hay dos modelos que se proponen resolver el problema. ¿Cuáles son, cuales son sus nombres?
5)      Mencioná tres características de cada modelo.
6)      ¿Qué propone la Constitución del Estado Boliviano?

2)Hacemos un cuadro con las características que menciona Evo Morales de cada uno de los dos modelos, el capitalismo y el “vivir bien”.

3) Buscamos el significado de términos como propiedad privada, mercancía, libre mercado y otros que forman parte del capitalismo.

4) ¿Cuales son los términos del “vivir bien” que se oponen a los del capitalismo mencionados en el punto 3? ¿En qué consiste esa oposición?

viernes, 24 de junio de 2011

EL FUSILAMIENTO MEDIÁTICO DE DORREGO, por Hernán Brienza (para "elortiba")


El fusilamiento mediático de Dorrego

Marcelo Moreno publicó en la edición de ayer [30 de agosto 2009] de Clarín una nota absolutamente inexacta sobre Manuel Dorrego, con la intención de esquilmar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Por Hernán Brienza

Siempre es necesario, cuando se intenta escribir sobre historia, tratar de que los nimios debates coyunturales queden de lado, al menos para no elaborar una interpretación histórica viciada de nulidad por su sesgo documental e ideológico. Marcelo Moreno publicó en la edición de ayer de Clarín una nota absolutamente inexacta sobre Manuel Dorrego, con la intención de esquilmar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Más allá de la comparación, que no me interesa debatir en esta contratapa, me gustaría acercar un poco de información sobre quién fue y qué significó Dorrego en la historia argentina. Porque para analizar a este personaje histórico –víctima del primer golpe de Estado organizado por el ejército regular argentino– hay que consultar no sólo el panfleto histórico llamado El destierro de Dorrego, escrito por Bonifacio del Carril, autor que, además, porta el mismo apellido que uno de los asesinos confesos de Dorrego, sino también otras fuentes pertinentes para la reconstrucción histórica.

Dorrego fue el jefe del primer partido popular de la Argentina, ya que los federales se reconocían a sí mismos en la década del 1820 como los populares. Respecto de los incidentes del Ejército del Norte –Moreno y Del Carril lo acusan de insubordinación ante Belgrano y de desavenencias con José de San Martín– es necesario tener en cuenta que Dorrego era jefe de la tropa de elite y que tanto la batalla de Tucumán como la de Salta fueron victorias criollas gracias a las cargas de Dorrego y las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, justamente, por la ausencia de Dorrego, confinado por insubordinación en Jujuy (Fuente: Cartas de Belgrano).

La discusión con Juan Martín de Pueyrredón que le vale el exilio se produce porque Dorrego se entera de que Pueyrredón negocia con el Imperio del Brasil la entrega de la Banda Oriental para apartar del mapa político a José Gervasio de Artigas y al mismo tiempo trasladar recursos de la guerra contra las provincias de la mesopotamia al cruce de los Andes. Dorrego se entera de la maniobra y prepara, junto a otros populares, la defensa de la Banda Oriental, por eso es encarcelado y embarcado rumbo a Baltimore. Hay abundante información sobre este punto que es bueno consultar, más allá, claro, de Del Carril.

Respecto de la confusa acusación de piratería que Moreno hace a Dorrego sobre su viaje a Jamaica, conviene decir que el barco donde viajaba Dorrego es asaltado por piratas y él queda prisionero de ellos, por eso se salva en el juicio que se le sigue en Jamaica (Fuente: Cartas apologéticas de Manuel Dorrego, único testimonio histórico sobre el hecho, que no permite otras elucubraciones que la ficción novelesca). Respecto de su participación política, Moreno en su desordenada caracterización del personaje olvida relatar algunas cosas:
1) Dorrego fue el primer defensor del voto universal;

2) Su federalismo es doctrinario y no intuitivo (se recomienda leer el más que interesante discurso en la Legislatura sobre las economías regionales) ;
3) Dorrego viaja a entrevistarse con Simón Bolívar para pedirle que los ejércitos republicanos del continente se unan contra los imperiales en Brasil, pero una carta de George Canning le exige a Bolívar no entrar “en la guerra de partidarios” (¿Cuál es la acusación que hace Moreno contra Dorrego? ¿Qué éste era bolivariano y creía en una federación americana como el venezolano?);

4) Los negociadores en la “amputación de Bolivia” son el gobernador Juan Gregorio de Las Heras, en tanto los enviados oficiales Carlos María de Alvear y Eustaquio Díaz Vélez, quienes negocian la independencia de Bolivia y no Dorrego, que ya está de vuelta y realiza un pacto político con el caudillo santiagueño Juan Felipe Ibarra;

5) Respecto de las generalidades que dice la nota de Moreno sobre la pérdida de la Banda Oriental es bueno aclarar:

a) El que firma la paz oprobiosa de entrega de la “provincia cisplatina” es Bernardino Rivadavia;

b) Luego de asumir como gobernador, Dorrego propone una estrategia de tenaza que consiste en atacar por el norte las misiones occidentales, por el sur con el ejército argentino y una tropa de mercenarios secuestraría al emperador, última acción que fracasó por la defección de Guillermo Brown al mando de su escuadra;

c) El banco nacional de intereses británicos ahorcó financieramente al gobierno sin permitirle obtener fondos para continuar con la guerra;

d) Si se leen las cartas que se intercambian Dorrego y Tomás Guido y Juan Ramón Balcarce –negociadores argentinos ante la corte en Río de Janeiro– se comprueba que Guido y Balcarce desobedecieron las órdenes expresas de Dorrego de no firmar ningún tratado. Ante los hechos consumados, cuando Dorrego estuvo a punto de rechazar el tratado de paz que sólo difería la elección soberana de Uruguay durante cinco años, Lord Ponsonby le escribió a Dorrego una carta amenazándolo con que si no aceptaba la paz “Europa se iba a entrometer en la guerra”.

Pero posiblemente lo que más moleste de Dorrego a sus detractores es su plan de gobierno: reducción de deuda pública enfrentando al capital financiero inglés, desmonopolización de los productos de necesidad básica y control de precios de productos como el pan, extender la frontera para aumentar la producción agrícola - ganadera, intento de confeccionar una Constitución federal con el apoyo de las provincias frente al centralismo porteño, defensa de la integridad del territorio nacional. Al borde del Bicentenario, seguir falseando de esa manera la historia implica que no bastó sólo con la balacera que le dispararon los soldados de Juan Galo de Lavalle, sino que todavía es necesario “fusilar mediáticamente” a Dorrego y a su proyecto político.

* Autor del libro El Loco Dorrego, el último revolucionario

Publicado en :